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martes, 5 de agosto de 2025

Literatura escrita por mujeres... ¿juvenil?

 Si Jay Kristoff fuera una mujer, El imperio del vampiro estaría en la sección juvenil, dirigido a un público femenino que suspiraría por Gabriel de León y tendría la etiqueta spicy.

Si Leigh Bardugo fuera un hombre, Seis de cuervos estaría en la sección de fantasía para adultos, dirigido a un público masculino que admiraría a Kaz Brekker y se avisaría de que en el libro aparecen violencia, drogas, secuestros, asesinatos y opresión.

Y me encantan ambos autores y libros, no los critico, solo reflexiono sobre la forma en la que están catalogados. No hay más que acercarse a la sección correspondiente en cualquier librería para darse cuenta: los géneros literarios están fuertemente influenciados por los géneros de sus autores. 

Demos un repaso a la sección de los grandes nombres de la sección fantástica de Casa del Libro, por ejemplo: Abercrombie, Kristoff, Martin, Rothfuss, Sanderson, Tolkien. Por supuesto, hay más nombres, y algunos de ellos de mujeres (Kuang y Schwab, por supuesto), pero tienen mucha menos representación: no suelen estar todos sus libros, tan solo las novedades, y no se piden tanto como los autores ya mencionados, que forman parte del catálogo fijo.

Vamos ahora a la sección juvenil (o +15 años, como dicen en dicha librería): Bardugo, Black, Clare, Maas, Roberts, Yarros... he tenido que pasar hasta la página 3 de la sección de los más leídos para encontrar un autor, que es Klune con La casa en el mar más azul, porque no les quedó más remedio que ponerlo en juvenil (ejem, etiqueta LGBT). El resto, son mujeres. ¿Cuántos de esos libros podrían catalogarse directamente como "fantasía" sin el obligado apellido "juvenil"?

Esto da lugar a algo muy interesante: que yo, como librera, sin ni siquiera pararme a pensarlo, dirijo mis recomendaciones a una u otra estantería dependiendo del género del lector. Me explico: si un chico de dieciocho años me pide un libro de fantasía, me lo llevo a la sección que me pide. Si es en cambio una chica de dieciocho, me la llevo a la sección de fantasía juvenil. ¿Está esto mal? Quizás. ¿Funciona? El noventa por ciento de las veces, sí.

¿Es esto una infantilización de las lectoras, de las autoras, o de ambas? Estamos, evidentemente, dirigiendo lo que leen las lectoras hacia un objetivo concreto y separando las lecturas por un sesgo de género: ellas son chicas que leen mujeres, ellos son hombres que leen hombres. ¿Es intencionado, es casualidad o es lógico?

Los hombres suelen decir que leen lo que sea, sin mirar el género del autor, pero la realidad es que no hay más que mirar su historial de lectura para darnos cuenta de que tienden a leer "fantasía seria", es decir, la que está catalogada como adulta y no como juvenil, es decir, masculina. En cambio, mirando mi propio historial de lectura, yo misma tiendo más a leer a mujeres sin ser realmente a propósito: este año llevo leídos treinta y seis libros, y solo nueve de ellos son de hombres (y tres son del mismo autor). 

Lo que me gustaría saber es si realmente leemos lo que nos apetece o más bien lo que las empresas nos dicen que leamos. ¿Las librerías, editoriales, etc son descriptivas o prescriptivas? ¿El librero te muestra lo que leen las personas de tu misma edad y género o te impone lo que deberías leer en base a tu edad y género?

A lo mejor el catálogo de Casa del Libro es muy bueno y acierta siempre con sus recomendaciones por género y edad, pero a mí me parece que es justo al revés: la librería te dice qué comprar, y tú haces caso. Esto no es ni malo ni bueno, es lo que es: prescripción. Por supuesto, podemos evitarlo, leer lo que nos dé la gana y no hacer caso a las recomendaciones de la librería sobre lo que nos va a gustar, pero no podemos negar que, en la mayoría de los casos, acierta. El sistema funciona, lo queramos o no.

Por supuesto, hay excepciones que se dan justo cuando el lector no está siendo aconsejado por la prescripción. Hace poco me dijo un chico de unos diecinueve años que quería empezar a leer, que recientemente se había leído un libro que había visto por ahí y le había gustado y que quería más. El libro en cuestión era Alas de sangre. Yo jamás le habría aconsejado ese libro, por varias razones que se resumen en que él no parecía una adolescente que lee "romantasy", como la mayoría de personas que compran ese libro. A él no se lo habían recomendado, solo le había llamado la atención y además le había gustado. Y aún así, no pude evitar llevármelo a la sección de fantasía y darle el primer libro de una saga de Sanderson, porque pensé que le podría gustar más. Qué difícil es salir de los prejuicios.

No puedo evitar mencionar que, aunque no se cumple siempre, en la mayoría de estos libros "juveniles" escritos por mujeres para mujeres jóvenes suele haber romance. Quizá ese sea realmente el rasgo distintivo entre sus categorías, la teoría de que a las chicas les gusta más leer romance mientras que los hombres buscan otro tipo de tramas. Quizá una parte de la sección de fantasía juvenil debería pasar a llamarse "romantasy" y así nos quitamos esa distinción por edad que tanto sobra, y ya de paso el sesgo de género.

Y todo esto, ¿me lo he inventado? ¿Es algo oficial y de sobra conocido? ¿Las chicas realmente buscan el romance y los chicos las tramas bélicas? ¿Somos, de verdad, tan simples? Yo creo que es algo que está cambiando poco a poco, pero más por un lado que por otro. No hay más que ver la variedad de gente en las colas de las firmas de Sanderson, Abercrombie o Kristoff para ver que los libros de fantasía escritos por hombres los leen hombres y mujeres por igual, o casi por igual. Donde creo que existe una mayor diferencia es en los libros escritos por mujeres, donde se tacha la trama de poco seria y se cae en la infantilización de la autora y la lectora por igual, delegándolos a "libros de chicas" de forma incluso peyorativa.

Mi conclusión en este tema es simplemente que nos demos cuenta, que nos fijemos cada vez que vayamos a una librería y veamos dónde están colocados los libros según el género, y que no nos dejemos llevar por ello. Hay vida mucho más allá de lo que las editoriales quieren que leáis.

Si no estáis de acuerdo conmigo, dejadme un comentario, porque creo que es un tema que da para mucho. Espero haberos hecho reflexionar y que haya resultado algo interesante. Nos leemos... en la próxima entrada.


martes, 19 de septiembre de 2023

De originalidad y retellings

 Cuántas veces hemos oído aquello de que todas las historias ya están escritas, que no existe la originalidad, que hoy en día todo se basa en contar la misma historia una y otra vez. Y en parte es cierto.

Hace poco hablaba con una amiga que es editora, y me contaba cómo hace para elegir manuscritos. Decía que a veces se encontraba con alguna historia buena que podría plantearse publicar, si no fuera porque ¡era una historia que ya había leído mil veces! Y no porque fuera copiando palabra por palabra esa distopía adolescente que salió en 2012 y que sigue muy presente, si no porque contaba casi la misma historia bajo otros nombres. Y yo le dije: "pues como muchos libros que están de moda ahora, ¿no?", y ella me dijo: "sí, pero no tan descarado".

Aquello me hizo pensar. ¿Dónde ponemos el límite entre lo que es plagio, inspiración, o incluso un retelling  o un fanfic?

Antes de nada: un retelling es una forma de reescribir una historia que ya existía pero con algo diferente. Por ejemplo, si yo escribo una historia en la que el lobo se come a caperucita, sería uno, pero también lo sería si en mi historia el lobo es un robot y caperucita un alienígena que debe llegar a otra galaxia donde vive su abuelita. Un retelling puede ser de lo más exagerado, y funcionará bien si los elementos de la historia original siguen siendo fácilmente identificables.

Aquí nos tenemos que meter en otro asunto complicado, que son los fanfics. El término viene de fan fiction, o sea, ficción hecha por/para fans. Si yo leo un libro y el autor mata a un personaje que me gustaba y me siento enfadada, puedo escribir mi propia versión en la que ese chico sigue vivo y acaba liado con el protagonista, o también buscar en Internet los relatos de otras personas que estaban en mi misma situación y así tener el final que quiero y merezco. Hay quien piensa que hacer esto es faltar al respeto a una obra, pero yo opino que conseguir que tus fans creen sus propios escritos a través del tuyo es una manera divertida de interactuar con él.

Ahora, vamos con la eterna pregunta: ¿en qué se diferencia un retelling de un fanfic? Al fin y al cabo, se trata de coger una obra original y reescribirla, darle elementos totalmente nuevos. Para mí, no hay muchas diferencias más allá del ámbito en el que se desarrolla cada una y de su objetivo. Podemos decir que un retelling es algo comercial, con el objetivo de ser una obra independiente a pesar de que se deje claro de dónde viene la idea original, y que se publica y se vende como tal. Incluso, se usa esta etiqueta como reclamo de ventas, porque como mencionaré a continuación esto es una moda que está pisando fuerte. Un fanfic, en cambio, se publica principalmente en páginas web dedicadas a ello y son historias escritas por fans de la obra original para que las lean otros fans. Además, los retellings suelen tratar de historias más clásicas y conocidas como cuentos populares, mientras que los fanfics suelen ser sobre obras que triunfan en la actualidad. Es decir, que en esencia son cosas muy parecidas pero no se comportan igual.

Los retellings están de moda, y eso no se puede negar. Y no solo en el ámbito literario: pasa lo mismo en el mundo cinematográfico con todas esas versiones de películas animadas de Disney que ahora se hacen en versión live action. ¿Demuestra esto una falta de ideas? ¿La única forma de crear nuevo contenido es que esté basado en lo anterior? Vamos a hacer un repaso de algunos lanzamientos literarios de los últimos años, incluso de algunos que he reseñado en este blog, para ver qué está de moda. Además veremos cómo este recurso de basar una obra en otras anteriores se da desde los inicios de la literatura.

  • Obras basadas en mitos griegos. Esto comenzó hace unos años y no ha parado de hacerse porque, la verdad, funciona genial. Tenemos Circe, un retelling de la Odisea y La canción de Aquiles, de la Ilíada, ambos de Madeline Miller, y aprovecho para recomendarlos. También podemos mencionar Te traeré a casaPsique y Eros, Electra, Ariadna, Lore Olympus, Mentiras que le cantamos al mar, la saga Olympus, y muchísimos más que me dejo en el tintero.
  • Novelas basadas en cuentos clásicos. Esto es lo que más se lleva, y podría mencionar prácticamente la mitad de los libros que ocupan las estanterías de literatura juvenil de cualquier librería, pero sé que no puedo no dejar de mencionar los cuentos de Angela Carter. Esta autora cuya obra tuve la suerte de estudiar se dedica a crear nuevas versiones de cuentos clásicos y a darles un giro, a veces espeluznante y a veces fantástico, pero siempre brillante. Recomiendo especialmente La cámara sangrienta, un retelling de Barbazul al que no me importaría dedicar una entrada: es un relato cortito que pone los pelos de punta. Por mencionar algunos otros: Bruma Roja (mi lectura actual) basado en Caperucita Roja, Por una rosa, en La Bella y la Bestia, Tras tres soles, en La Sirenita.
  • Cuentos Disney: la saga de Un giro inesperado. Se compone de veinte libros y cada uno cuenta una historia de Disney pero con un final diferente, planteando la cuestión de qué pasaría si algo cambiara en la historia.
  • De cuando los retellings aún no estaban de moda. ¿Sabías que, allá por 1913, la autora Sybil G. Brinton escribió una secuela imaginaria de los libros de Jane Austen? Pues sí, el fanfiction ya existía por ese entonces. Hoy en día la podéis encontrar publicada en España, además.
  • Los actuales. Creo que no es ningún secreto que Cincuenta sombras de Gray está basado en Crepúsculo, e incluso se usó esta premisa como argumento de venta. Diría que aquel pudo ser el inicio de esta moda, que nos deja ahora con títulos más modernos como Anne sin filtros, de Ana de las tejas verdes, Seremos el huracán, de El mago de Oz, y muchos, muchos más.
Pero, y todo esto, ¿qué significa? ¿Nos hemos quedado sin originalidad? ¿Todo lo que vamos a leer y escribir va a ser como contar mil veces la misma historia? ¿Cuántas veces tengo que releer la historia de Caperucita? ¡Todo es un retelling! ¡Hasta el Rey León es la historia de Hamlet pero con animales! E incluso cuando algo no está basado en otra obra, ¡vamos a utilizar como argumento de venta que ese libro es el nuevo Harry Potter! De hecho, mi próxima lectura va a ser El priorato del naranjo. Sí, ese que dicen que es la literatura de Tolkien pero "feminista" (mejor no comento sobre esto). Yo me pregunto si todo el mundo está tan harto como yo de que toda obra tenga que estar basada, inspirada o incluso comparada con otras anteriores. No creo que nos estemos haciendo un favor, y yo personalmente tengo ganas de que triunfe algo que destaque por su originalidad. Es que hasta Reverte acaba de sacar un libro que está basado, título incluido, en Sherlock Holmes. 

Ahora bien, no estoy aquí para criminalizar los retellings. Primero, porque yo he venido a hablar de libros, no a criticarlos, y segundo, porque, de hecho, me gustan. Creo que, falta de originalidad aparte, supone todo un reto darle un buen giro a una historia para convertirla en una obra en sí misma. Aunque sí me preocupa más la parte legal: basarse en la Odisea es algo totalmente lícito, Homero no se va a enfadar, pero no sé si Stephanie Meyer estaría muy contenta con el fenómeno Christian Grey.

Además, sí que opino que todas las historias ya están escritas. Es imposible escribir una obra que no beba de otras muchas, más que nada porque nuestra propia imaginación está condicionada por las influencias que hemos recibido. Es bastante difícil que yo escriba una novela histórica si apenas he leído ninguna, así que para hacerlo tendría que probar a leer, y entonces ya estaría influenciada. Citando a Tolkien: "Historias semejantes no nacen de la observación de las hojas de los árboles ni de la botánica o la ciencia del suelo; crecen como semillas en la oscuridad, alimentándose del humus de la mente: todo lo que se ha visto, pensado o leí­do y que fue olvidado hace tiempo". Yo creo que, si es inevitable basarse en otras obras para escribir una, es incluso apropiado vender tu libro como el nuevo Harry Potter. Al fin y al cabo, probablemente sea verdad.

Muchas gracias por leer hasta aquí. Espero que esta entrada haya sido interesante o al menos entretenida. Me encantaría leer comentarios sobre vuestra opinión o contando cuál es vuestro retelling favorito. ¡Nos leemos pronto!

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Crónica Hispacón 2023

" —Ana, ¿vas a ir a la Hispacón?

—¿Y eso qué es?"

Así empezó esta bonita historia. Cuando vi que el trabajo de los días 8-10 de septiembre me permitían irme a Zaragoza, no me lo pensé dos veces. Fui solita, pero no estuve sola. Conocía a gente maravillosa que estaba ahí como editorial y (de forma nada sutil) les pedí que me adoptaran. Además de llevarme a comer, me presentaron a gente súper maja y se lo agradezco un montón.

Solo pude estar dos días y en un horario un poco reducido, por eso el viernes me perdí varias charlas a las que quería asistir. También tuve que tomar decisiones muy complicadas porque varios eventos que me interesaban se solapaban, y me dio mucha pena perderme algunas de ellas. De hecho, habría cambiado varias porque no fueron como esperaba. Me habría gustado que se explicara un poco más de qué iba a ir cada una, la verdad. Esta es la lista de actividades a las que asistí:

Viernes:

  • "Acto de inauguración"
  • "Libros, herramienta para otras vidas posibles. La fantasía, la ciencia ficción y el terror como herramienta para afrontar, profundizar, y mejorar la vida"
  • "Cómo escribir diálogo en 5 (no demasiado sencillos) pasos". Esta fue mi charla favorita, sin duda. Juan explicó una serie de herramientas para escribir diálogo de forma dinámica y divertida, y fue la única vez que estuve tomando notas que además me van a servir de ayuda (porque los diálogos no son mi fuerte).
  • "Presentación de "Aquarius. Deseo de libertad" de Ysera Sevriens". Había visto este libro tantas veces en las redes sociales que, por supuesto, tenía que ir a la presentación. Ysera me pareció un encanto y el libro tiene pintaza.
  • "Taller Artes marciales históricas europeas para tu historia de fantasía". Esta charla me gustó mucho. Laura Messer es una mujer de armas tomar, literalmente. Explicó de una manera súper calmada cómo matar a alguien con una espada y además trajo armas para ilustrar la explicación. Yo salí fascinada.
  • "Bosque y fantasía: que los árboles no te impidan ver el género"
Sábado
  • "Escribir retellings de fantasía y ciencia ficción". Fui a esta charla porque me parecía útil para una entrada que estoy preparando, y porque las autoras son bastante conocidas. De hecho, estoy leyendo ahora mismo Bruma Roja, pero se me olvidó llevarlo para que Lucía me lo firmara.
  • "Eliminando barreras: la traducción en la literatura de género". Mi segunda charla favorita. El mundo de la traducción literaria me parece interesantísimo, y más teniendo en cuenta que uno de los ponentes era el traductor de Brandon Sanderson y Terry Pratchett, y que al finalizar trajo un montón de libros suyos y los sorteó. Luego cuento si me tocó algo.
  • "Creación de mundos en Fantasía y Ciencia Ficción"
  • "La magia como vehículo para la ficción". Esta me sorprendió, porque hablaba literalmente de magia e ilusionismo, de magos de la historia como Houdini y compañía, que es un tema que no esperaba y del que no tengo ni idea. Fue de lo más interesante.
Ese sería un breve resumen, y de las que no he comentado nada es porque no tengo mucho que decir. Pero vamos con lo más jugoso: los libros que me llevé.
  • La guía del mago frugal para sobrevivir a la Inglaterra del medievo, de Brandon Sanderson, editado por Nova. Sí, me llevé un libro en el sorteo más caótico en el que he participado, aunque no tiene mucho mérito porque Manu trajo más libros que el número de participantes. Además, tenía ganas de tener y leer ese libro.
  • Aquarius. Deseo de libertad, de Ysera Sevriens, editado por Hela. Por supuesto, está firmado.
  • Manos de bruja, de Sheila Navalón, editado por Hela. Este no lo conocía, pero la sinopsis me flipó y creo que es perfecto para Halloween. También está firmado.
  • Aracnefobia, de Celia Añó, editado por Literup. No me gusta leer terror, pero estuve hablando con ella y me flipó cómo está escrito, así que lo compré para mi chico. Y está también firmado.
  • Así se pierde la guerra del tiempo, de Amal El-Mohtar y Max Gladstone, editado por Insólita. Me habían hablado muy bien de él pero siempre está agotado, así que lo compré de casualidad. Por supuesto, se agotó después.
  • Libros de la editorial Cerbero. Yo iba ahí a por Las épicas e impensables crónicas de Eriborn Van Frufrú y a por Alter Cantabria, pero acabé pecando también con sus bolsilibros y cayeron Las mocedades de Rodrigo, Prácticas mágicas, 999 pedazos y Todos mis santos.
  • Corrientes de cambio, la última antología de Dorna, pero me llevé a propósito la versión que venía mal impresa porque me parecía gracioso que fuera la hermana malvada de la normal.
  • Los muertos no pagan IVA, de Sergio S. Morán. Nunca encuentro este libro por ningún lado, y como me gustó el primero de la saga decidí coger este también.
Estos son todos los libritos de lectura, que parecen muchos porque, efectivamente, son muchos. Pero son difíciles de conseguir y varios están firmados, así que me voy muy contenta con mi botín y con la experiencia. Fueron dos días muy divertidos en los que he conocido gente muy guay, he aprendido cosas muy interesantes y tengo más ganas de leer y escribir que nunca. 

¡Si has estado en el evento no dudes en decírmelo y contarme tu experiencia! Nos leemos pronto.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Técnicas narrativas: stream of consciousness

 ¿Os habéis fijado alguna vez en cómo los pensamientos van de un lado para otro sin ningún tipo de orden y en que van de un lado a otro sin parar y que en nuestra cabeza tendemos a repetir y repetir y repetir y dar vueltas a la misma idea y parece que nunca se nos acaban los pensamientos y que en cambio cuando escribimos o hablamos tenemos que poner signos de puntuación y hacer distintas oraciones porque si no sería imposible entendernos porque si no hablaríamos y hablaríamos sin parar y todo sería un caos?

O también podríamos hablar así. Con pausas. Con calma. Con otro ritmo. Uno más calmado. Poniendo los pensamientos en orden. Frenando la corriente de consciencia. Reflejando un tono muy, muy diferente.

o podríamos entrar en una locura en la que el autor nos muestre que realmente está de los nervios porque tiene muchas cosas que hacer tiene que levantarse tiene que hacer la comida tiene que pasear al perro tiene que terminar esa entrega vaya hace un día soleado tiene que darse una ducha no sabe si queda papel higiénico tendrá que ir a comprar quiere terminar ese libro vaya ruido están haciendo los vecinos además tiene hambre y tiene que recoger el coche y tiene que y tiene que y tiene que y está harto de tener que hacer tantas cosas y está harto harto harto

Esto que acabo de hacer (o intentar) se conoce en literatura como "corriente/flujo de consciencia" o "stream of consciousness". Se trata de imitar los pensamientos y sentimientos del personaje de forma más realista y directa. Porque no es lo mismo pensar que hablar o escribir. Cuando escribimos, tratamos de no ser repetitivos, de que haya una armonía en el texto, y cuando hablamos también lo hacemos pero en menor medida porque sí nos permitimos las repeticiones, las pausas, los fallos de concordancia, etc. Cuando pensamos, en cambio, no ocurre eso. Podemos tener una misma frase, palabra o fragmento de canción dando vueltas en nuestro pensamiento durante horas, a veces sin que podamos evitarlo. O simplemente, no pensamos "¡Qué día tan bonito, qué azul está el cielo! Voy a salir a dar un paseo", sino algo más parecido a: "Sol. Calor. Pasear. Me llevo al perro. Al parque.", o quizás a: "No sé si irme al parque. Hace un día bonito pero mejor me llevo la chaqueta por si refresca. La última vez que fui al parque llovió. Vaya, no recuerdo dónde dejé el paraguas. Se lo habrá llevado Juan. Siempre hace lo mismo. Un día tendré que decirle algo. ¿A qué venía todo esto? Ah, sí, el parque."

Hay muchas maneras de reflejar el ritmo de los pensamientos cuando escribimos, y el stream of consciousness es la técnica narrativa que sirve para hacer esto mismo. Aunque no es exclusivo de este periodo, suele relacionarse con los movimientos modernistas de principios del siglo XX por su gran desarrollo. Creo que la mejor manera de mostrar cómo funciona esta técnica es dejaros un fragmento de, por ejemplo, el inicio de la novela Las Olas de Virginia Woolf:

–Veo un anillo –dijo Bernard–, cuelga sobre mí. Tiembla, está suspendido de un bucle de luz.

–Veo una pieza de color amarillo pálido –dijo Susan–, se extiende lejos, hasta que se reúne con una cinta de color púrpura.

–Oigo un sonido –dijo Rhoda–, chipi, chip, chipi, chip, sube y baja.

–Veo un globo –dijo Neville–, cuelga como una gota ante la enorme falda de una colina.

–Veo una borla carmesí –dijo Jinny– trenzada con hilos de oro.

–Oigo un golpe –dijo Louis–. La mano de un enorme animal encadenado. Golpea, golpea, golpea.

–Ved la telaraña en la esquina del balcón –dijo Bernard–. Tiene gotas de agua, gotas de luz blanca.

–Se han agolpado las hojas alrededor de la ventana, parecen orejas puntiagudas –dijo Susan.

–Cae una sombra en el camino –dijo Louis–, parece un codo.

–Nadan en la hierba islas de luz –dijo Rhoda–. Descienden desde los árboles.

–Entre los túneles que forman las hojas brillan los ojos de los pájaros –dijo Neville.

–Los tallos están cubiertos de pelos cortos e hirsutos –dijo Jinny–, se les han adherido gotas de agua.

 Y esto continua así páginas y páginas. No es una novela demasiado larga, pero sí muy complicada de leer porque está estructurada casi exclusivamente sobre los diálogos, o más bien pensamientos, de estos seis personajes. Todo lo que está en el texto es un reflejo directo de lo que sale de la cabeza de estos hombres y mujeres, sin filtro y sin aparente orden ni cuidado, a pesar de que cada palabra sí que está cuidadosamente escogida para que el lector sea capaz de reconstruir qué está ocurriendo o de qué se está hablando en la escena. Yo siempre recomiendo intentar leer libros complicados, pero admito que este es realmente difícil. Si queréis probar, os dejo un pequeño fragmento compartido por la editorial Edhasa aquí.

Es un gran ejemplo sobre esta técnica, pero voy a añadir uno más: el inicio de El ruido y la furia, de William Faulkner, un libro que me parece fascinante y a la vez una tortura al enfrentarse a su lectura:

A través de la cerca, entre los huecos de las flores ensortijadas, yo los veía dar golpes. Venían hacia donde estaba la bandera y yo los seguía desde la cerca. Luster estaba buscando entre la hierba junto al árbol de las flores. Sacaban la bandera y daban golpes. Luego volvieron a meter la bandera y se fueron al bancal y uno dio un golpe y otro dio un golpe. Después siguieron y yo fui por la cerca y se pararon y nosotros nos paramos y yo miré a través de la cerca mientras Luster buscaba entre la hierba.

 Las repeticiones, la aparente falta de signos de puntuación, la ausencia de contexto o de explicación sobre lo que realmente está sucediendo en escena, como dónde están o quiénes son esas personas, todo ello forma parte de la manera que tiene el autor de reflejar cómo ve el mundo el personaje que hace de narrador en esta parte de la historia. Poco después y de forma bastante sutil se revela que la voz narrativa pertenece a un hombre de treinta y tres años con discapacidad mental, y por ello la narración se verá afectada. La novela se divide en cuatro partes con sus cuatro narradores, siendo este el primero, y los demás también tienen sus particularidades. La segunda parte la cuenta un hombre con depresión que de hecho se termina suicidando, por lo que su narración es confusa, llena de discordancias y pesimismo y, hacia el final, lo remata con una total ausencia de signos de puntuación:

Simplemente imaginando los árboles me parecía oír murmullos ocultos oleajes oler el pálpito de sangre caliente bajo la palpable carne salvaje alerta tras los párpados enrojecidos el sátiro desenfrenado parejas copulando apresuradamente dirigiéndose hacia el mar y él debemos permanecer alerta y contemplar por un momento la ejecución del mal mientras no siempre y yo no tiene por qué durar tanto incluso para un hombre de valor y él acaso consideras que eso es valor y yo sí señor usted no y él cada hombre es árbitro de sus propias virtudes tanto si lo consideras un acto de valor como si no tiene más importancia que el acto en sí mismo que cualquier otro acto de otro modo no serías sincero y yo usted no cree que lo digo en serio y él creo que eres demasiado serio para darme motivos de alarma de otro modo no habría hecho falta que te sintieras obligado a decirme que has cometido incesto y yo no mentía y él...

 La tercera parte está narrada por un personaje cínico y amargado, más directo, por lo que su narración es lineal y fría. Y finalmente la última parte cuenta con un narrador externo en tercera persona focalizado en la sirvienta de la familia. Cada voz tiene un estilo, unas particularidades y una corriente de pensamiento diferentes.

Los ejemplos de Woolf y Faulkner son muy diferentes, ya que en este último podemos identificar al narrador de forma diferenciada mientras que en el primero las voces se entremezclan y a veces se separan, como en un coro (de hecho, es una novela coral: varios personajes tienen el mismo protagonismo y peso en sus propias historias). Podría poner muchos más ejemplos, como Proust, Joyce o Plath, pero creo que os hacéis una idea.

Por último, quiero añadir que no hay que confundir la corriente de consciencia con el monólogo interior, a pesar de que suelen ser intercambiables ya que los límites son difusos. El monólogo interior es el reflejo del pensamiento del personaje de forma convencional, mientras que la corriente de consciencia lo lleva al extremo hasta abusar de las interjecciones, las repeticiones, la falta de puntuación y demás recursos. Se trata de dejar que el pensamiento fluya de forma caótica y desordenada, sin dar explicaciones y de la manera en la que alguien realmente pensaría para sí mismo.

Espero que esta entrada haya sido útil para aprender sobre un concepto que a mí me resulta muy interesante, y que incluso os sirva para aplicarlo en vuestra escritura (pero con cuidado, ¿eh? No vayáis a hacer un texto imposible de entender). ¡Nos leemos en la próxima entrada!

sábado, 19 de febrero de 2022

El canon literario... ¿universal?

 ¡Qué curioso me parece que tengamos una serie de grandes obras que todo el mundo conoce! Esas obras de referencia, esos grandes autores que han servido de inspiración a otros a lo largo de la historia y que han llegado hasta nuestros días. Seguro que tienes en mente las típicas listas de "Cien libros que debes leer antes de morir", "Grandes autores que debes conocer", "Treinta clásicos que debes leer antes de los treinta". Porque DEBES leerlos o al menos DEBES conocerlos. ¿Cómo no vas a haber leído el Quijote, aunque no te guste? ¿Qué haces con tu vida si aún no has leído el Ulises, a ver? Pero hombre, ¿de verdad no te has leído los nueve tomos de Historias de Heródoto? Ah, ¿que estás perdiendo el tiempo leyendo fantasía juvenil?

Bueno, por si no queda claro, esa no es mi opinión. Al menos, no del todo. Recientemente he tenido una conversación de este estilo con una persona que defendía a capa y espada las grandes obras de la historia pero despreciaba la literatura juvenil. Y yo no quiero que esta persona me malinterprete, porque entiendo perfectamente su postura y la respeto, pero no la comparto. Mi opinión es más bien la siguiente: se puede leer de todo y disfrutarlo de la misma o de distinta forma. Que sí, que no puedes comparar leer a Joyce y a Rowling, que no tiene nada que ver y que es una experiencia totalmente opuesta. Vale, es cierto, pero eso no quiere decir que no puedas disfrutar de las dos experiencias. La persona de la que os hablo no me creía, y por eso quiero conocer más opiniones sobre esto.

Algo importante que debo añadir es que no desprecio ningún tipo de literatura porque puede tener distintas funciones, principalmente entretener y enseñar. Así que no veo por qué no vas a disfrutar un libro solo por entretenimiento. Pero hay otra forma de disfrutar de la literatura, que es cuando se vuelve un reto, cuando te enfrentas a algo que no pensabas que leerías y, especialmente, cuando descubres que en realidad no era tan difícil. Para mí, hay dos tipos de libros "clásicos": unos serían los que son complejos, largos, aburridos, difíciles de entender, esos que mucha gente conoce pero que pocos se atreven a leer... aquí metería obras muy antiguas como La Ilíada o La Odisea, modernistas como El ruido y la furia o En busca del tiempo perdido... esos a los que podríamos tenerles "miedo", aunque no deberíamos. El segundo grupo contendría libros a los que se les tiene miedo por ser llamados clásicos pero que en realidad no son difíciles y son muy entretenidos, y aquí podría incluir muchos más ejemplos como Frankenstein, Cumbres Borrascosas, 1984, La importancia de llamarse Ernesto, La isla del tesoro, Fahrenheit 451, Romeo y Julieta...

Pero vamos a la parte importante: ¿qué es realmente un "clásico"? Pues es una obra que ha sido capaz de sobrevivir al paso del tiempo y de convertirse en un referente, muy conocida y que se sigue leyendo, analizando, estudiando y enseñando. Es decir, que forma parte del canon literario.

El canon literario es un conjunto de obras que forman parte de la literatura de la alta cultura, por su calidad, originalidad, rasgos formales o temáticos, y que no quedan obsoletas. Se han hecho diversas clasificaciones con las obras que se deben incluir en este canon, y yo no os voy a dar una lista definitiva de increíbles obras que debéis leer antes de morir. No, yo estoy aquí por la polémica. Porque casi cualquiera de las clasificaciones que podéis encontrar del canon literario tiene unas características comunes en sus obras, y no me refiero a esa calidad que seguro que tienen todas, sino a sus autores. Desde los años 60 se ha cuestionado el canon por su alarmante cantidad de "hombres blancos europeos y estadounidenses heterosexuales muertos". Y no es para menos. 

Vamos a ver qué clasificación hace el crítico Harold Bloom en su libro El canon occidental. Bloom hace una lista de 26 autores, aunque en realidad se usan como excusa para hacer un recorrido por la historia de la literatura universal. Estos autores son los siguientes: Shakespeare, Chaucer, Milton, Johnson, Wordsworth, Austen, Dickens, Eliot, Woolf, de Montaigne, Molière, Proust, Goethe, Freud, Kafka, Joyce, Beckett, Dante, Cervantes, Tolstoi, Ibsen, Pessoa, Whitman, Dickinson, Borges, Neruda. Por si no los conoces a todos (normal), lo resumo: 23 hombres, 3 mujeres. 22 europeos, 4 americanos (2 de ellos estadounidenses).

Como se puede ver, estas clasificaciones tienen de todo menos variedad. Y no critico la propia lista, que incluye varios/as de mis grandes favoritos/as. Pero no se puede permitir que lo que consideramos el canon literario esté creado únicamente por críticos "hombres blancos occidentales heterosexuales muertos", porque la clasificación tiende a tener las mismas características que ellos. Y vendrá alguien a decirme que no es por eso, sino por la calidad de las obras, y que qué culpa tienen los hombres blancos de que las mujeres racializadas no hayan escrito grandes obras. Claro que sí.

Solo para investigar un poco más, voy a analizar un par de típicas listas de "100 libros que debes leer antes de morir". Vamos a ver esta de Los mejores libros de la historia: 100 novelas que hay que leer antes de los 40. De 100 libros, 26 son de autoras. Esto ya de por sí está descompensado, pero es que además varios de esos libros repiten autoras: Virginia Woolf está dos veces, Chimamanda también... Así que en realidad hay menos de 26 autoras. Veamos este otro: Los 100 mejores libros de la literatura universal. Pues mucho peor, la verdad: 100 libros, 14 son de autoras. Y atención, porque Woolf sale tres veces, y Austen dos. Así que se nos queda una lista hecha por ABC Cultural en la que poco más del 10% de obras son de autoría femenina. Y no quiero hablar de la (muy evidente) falta de autores/as no occidentales en una lista que se atreven a llamar "universal". Os invito a revisar los libros que habéis tenido que leer para clase y ver si esto también pasa.

Las conclusión es, en mi opinión, que el canon literario es totalmente subjetivo y que merece la consideración justa. No podemos pretender hacer una clasificación objetiva, y menos de algo tan relativo como la calidad literaria. Y por esa razón yo puedo llevar la contraria al canon y decir que El guardián entre el centeno me parece un horror. Ahora bien, hay algo en lo que sí o sí tenemos que coincidir con la clasificación canónica, y es en la perdurabilidad de las obras. Que a día de hoy podamos leer Las Metamorfosis de Ovidio de la misma manera que leemos el último bestseller de Javier Castillo es algo que tiene mucho mérito. En cuanto a si esa perdurabilidad se debe a su calidad literaria o a otras características más relacionadas con el origen o el género del autor, lo dejo abierto a la interpretación.

Solo me queda invitarte a reflexionar sobre cuántas grandes obras habrían podido llegar hasta nuestros días si la literatura no hubiera sido monopolizada por hombres. "Pero es que las mujeres no escriben". Ya, es que imagina lo que habrían escrito si les hubieran dejado escribir. Las hermanas Brontë publicaban bajo pseudónimo masculino, y Virginia Woolf decía que "una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas". No les faltaban ganas o capacidad para escribir, les faltaban medios.

Esta entrada se termina aquí, y solo espero que haya sido útil para entender el canon literario (occidental) y por qué os animo a no tomároslo muy en serio. Leed clásicos, leed libros menos conocidos, leed bestsellers o leed lo que más os apetezca. Pero disfrutad, aprended y abrid la mente a nuevas lecturas. Y dejad un comentario, porque me encantaría conocer más opiniones sobre este tema. Nos leemos pronto.

martes, 14 de diciembre de 2021

Hablemos de narrativa breve y de la teoría del iceberg

 ¿Os he dicho alguna vez lo poquísimo que me gusta Hemingway, como autor y como persona? Pues ahora lo sabéis. Y sí, he leído su obra, o más bien parte de ella. Si no lo habéis hecho, no os perdéis mucho, solo un poco de misoginia y un ego muy grande. Pero, por suerte, este hombre del siglo pasado hizo una (única) cosa bien. Vamos a hablar de la Teoría del Iceberg.

Como ya sabréis, Ernest Hemingway fue un escritor y periodista estadounidense del siglo XX, conocido por pertenecer al grupo literario de la Generación Perdida en los años 20 y por su obra de ficción modernista que refleja la época en la que vivió. Tras estudiar su obra en varias ocasiones a lo largo del instituto y la universidad, hasta el último año de carrera no tuve que leer al autor. Entonces leí la novela Adiós a las armas y los relatos cortos Colinas como elefantes blancos, Un lugar limpio y bien iluminado y Gato bajo la lluvia. Fue entonces cuando aprendí algo que me sería útil a la hora de analizar textos, especialmente de narrativa breve. 

La Teoría del Iceberg no tiene mucho misterio ni es nada nuevo, pero fue Hemingway quien la desarrolló y aplicó, y se le atribuye a él. Consiste simplemente en contar toda la información posible en el menor espacio posible. Si puedes usar una frase en lugar de dos, mejor. Si puedes hablar de un tema muy concreto sin llegar a usar la palabra clave y que aún así se entienda bien el mensaje, mucho mejor. El mensaje estará oculto, pero no escondido. Lo que ves en el texto será solo la superficie, la punta del iceberg, y la verdadera historia estará debajo, todo el resto de capas de hielo que no se ve a simple vista. Esto es lo que dijo: 

Si un escritor en prosa conoce lo suficientemente bien aquello sobre lo que escribe, puede silenciar cosas que conoce, y el lector, si el escritor escribe con suficiente verdad, tendrá de estas cosas una sensación tan fuerte como si el escritor las hubiera expresado. La dignidad de movimientos de un iceberg se debe a que solamente un octavo de su masa aparece sobre el agua. Un escritor que omite ciertas cosas porque no las conoce, no hace más que dejar lagunas en lo que describe.

Hay una gran diferencia entre contar y mostrar. Puedes escribir un texto larguísimo en el que cuentas todos los detalles  para asegurarte de que el lector entiende absolutamente todo, y eso está bien. Pero un texto más corto implica elegir: puedes contar todo lo posible con todos los detalles o puedes omitir ciertos detalles en el texto para que sea el lector quien los interprete y crear un texto más compacto pero con más trasfondo.

Esto puede suponer un problema: cómo se puede asegurar el autor de que el lector va a interpretar el mensaje correctamente y no como le apetezca. Lo cierto es que a veces no se puede. Siempre que haya un significado oculto bajo la superficie existirá la posibilidad de interpretarlo libremente. Esto lo expliqué en mi entrada sobre la intención del autor, en la que defendí la libertad del lector de interpretar el texto a su manera pero sin que esta interpretación llegue a pesar más que la auténtica intención del autor.

Vamos con un ejemplo práctico de cómo hacer un relato corto cuyo tema principal está totalmente oculto bajo la superficie del texto, y que solo analizándolo se puede deducir. Os dejo un enlace al texto Colinas como elefantes blancos, el que he podido encontrar fácilmente, aunque la traducción no me convence mucho. Si leéis el texto por primera vez, lo más probable es que no entendáis nada, solo que hay una pareja esperando un tren en una estación y que están discutiendo por algo que no llegan a explicar. No voy a analizarlo en profundidad, pero os explico de qué va en realidad:

Esta pareja se encuentra de camino a Madrid, en el valle del Ebro (¿probablemente en Zaragoza?) y él trata de convencerla de que se someta a un aborto. Ella no lo tiene claro, algo que se muestra explícitamente cada vez que duda: "¿Y si lo hago serás feliz y todo será como antes y me amarás?", "Si lo hago ¿ya no te preocuparás jamás?", "Entonces lo haré. Porque no me intereso en mí." Y también se muestra de forma implícita con sus múltiples alusiones a las colinas y al paisaje: es muy diferente a cada lado del río, un lado es fértil y lleno de vida, y el otro lado es seco, y esto refleja muy bien su indecisión sobre su posible maternidad. Él solo quiere convencerla de que será una operación fácil y de que después volverán a la normalidad, mientras la mente de ella no deja de irse al paisaje que representa sus opciones. El título también nos da pistas, ya que un elefante blanco es tradicionalmente un regalo tan caro de mantener que se vuelve una carga, como el bebé que el hombre quiere evitar a toda costa. También el lugar es muy simbólico, pues una estación de tren siempre es un lugar de transición, de cambios y de tomar decisiones. El final, además, es ambiguo: parece que la chica ha tomado una decisión pero no se nos dice cuál es, y es el lector quien debe interpretarla.

Toda esa omisión de información es de lo que trata la teoría del iceberg. La información está en el texto y es el lector quien tiene que descifrarla. Por poner otros posibles ejemplos y para llevarlo más hacia mi terreno: pongamos, por ejemplo, que yo escribo sobre un personaje femenino que se enamora de una mujer y que en una escena se comenta de pasada que no le importa que un hombre en concreto la vea cambiarse de ropa. Esto puede tener varias implicaciones: puede que simplemente se tengan confianza y por eso no le importa que él la vea, puede que no le importe que cualquiera la vea porque no le da vergüenza, o puede que en el pasado hayan sido amantes o que incluso lo sigan siendo. En cualquier caso, es una información que no es relevante para la trama, pero que se deja intuir. En este caso, yo como autora le estaría dando al lector la libertad de interpretar si esta mujer es lesbiana o es bisexual. Hay una respuesta correcta, pero se omite. Y es totalmente intencionado. 

Cuando yo escribo me gusta dejar algunos cabos sueltos y dejar que el lector los ate si es lo que quiere. Si en algún momento me preguntan por la orientación de dicho personaje, diré que es de libre interpretación, aunque en realidad yo sí sabré cuál es la respuesta correcta. Lo que se especifica en el texto es el canon, y todo aquello que el lector pueda interpretar sin contradecirlo será otra cosa, y por eso puede usar su interpretación como prefiera (para hacer teorías, fanfiction,...). Igual que yo puedo pensar, si quiero, que en Colinas como elefantes blancos la mujer ha decidido no abortar y además dejar a su pareja. Total, no va a venir Hemingway a enfadarse conmigo.

Y ya que hablamos de narrativa breve... resulta que mi ejemplo no era una invención, sino algo que aparece en el relato que voy a publicar este mes con Ediciones Dorna. Así es, aparezco como autora en la antología Misterios entre las olas. Mi relato se llama La venganza del Kraken y va sobre una capitana pirata que busca vengarse. Este viernes 17 habrá un evento en Madrid para hablar de la antología y se revelará la portada entre otros detalles, así que todo el mundo atento. Yo tengo muchas ganas de que podáis leerme.

No voy a hacerme mucha promo en esta entrada porque no es el tema de hoy, pero sí haré una solo sobre esto cuando comience la preventa. Espero que os haya gustado esta entrada y que hayáis aprendido algo. Nos leemos en la próxima, que será una reseña. ¡Hasta pronto!

martes, 20 de julio de 2021

Crónica del Celsius 232 de 2021

 ¡Hola! ¿Qué tal todo? Yo vengo de pasar una semanita de vacaciones y estoy muy emocionada por todo lo que tengo que contar. He pasado cinco días en el festival Celsius 232, que es un festival de literatura de género que se celebra cada julio en Avilés, Asturias (España). (232 grados celsius es el equivalente a 451 grados farenheit, como el nombre de la novela de Ray Bradbury, y además se entregan los premios Kelvin 505, también equivalente.) Lo primero que tengo que aclarar es que no ha sido mi primer Celsius, porque fui en 2019 con mi novio, antes de la pandemia, y esta vez he ido con mi amiga de la universidad, quien iba por primera vez. La mayor diferencia ha sido la pandemia: ha habido mucha menos gente, pero eso no ha hecho que sea menos divertido, más bien ha sido incluso mejor, porque hemos podido entrar a ver todo lo que queríamos (excepto alguna presentación por el aforo más limitado de la carpa). Las medidas de seguridad son muy eficaces: aforo, distancia, mascarillas, gel, códigos QR para registrar asistencia... te hacen sentir segura. Voy a contar lo que hicimos cada día, con opiniones y demás detalles. ¡Comenzamos!

El primer día... se notó que era el primer día. La verdad es que podíamos haber llegado el miércoles en vez del martes, porque había poquitas cosas (solo nueve actividades en el programa) y muy poca gente todavía. Aún así, fuimos a la conferencia "La asesoría histórica: divulgación versus estética", que me pareció interesantísima. Eran dos asesores históricos para películas y demás y hablaban de cómo muchas producciones meten la pata continuamente a la hora de ambientar sus historias, y de lo importante que es documentarse y pedir ayuda para que todo salga perfecto. Fue divertida e interesante, me gustó mucho. Además, los conferenciantes son pareja y tenían muy buena química, era muy agradable oírlos.

El miércoles 14 pasamos la mañana haciendo turismo por Oviedo y volvimos a Avilés para la primera charla de la tarde, "La ciencia en la ciencia ficción", con los grandes Ian McDonald y Larry Niven. Tengo que admitir que la ciencia ficción no es mi género favorito, pero la charla fue muy interesante y los hablantes respondían preguntas como qué predicciones del futuro de la ciencia habían acertado con sus libros, entre otras. Esta charla fue solo en inglés, la primera vez que se hace esto en el festival, y creo que fue todo un éxito. Después asistimos a "Diábolus in música: de música y demonios varios", una charla sobre el libro del mismo título, de Luis Antonio Muñoz. Por desgracia, la tecnología no estuvo del todo de su parte y no tuvo tiempo de contar todo el contenido que tenía preparado, pero lo que vimos fue muy interesante. Es un libro en el que analiza la relación del demonio con la música a lo largo de la historia, y aunque no lo compré creo que lo puedo recomendar. Y la última charla del día fue "El mar, refugio de perturbadoras criaturas. Del horror a la fascinación", en la que se reflexionaba sobre el papel de las criaturas marinas en las supersticiones a lo largo de la historia y en la literatura (y me vino muy bien para el relato que quiero mandar a Ediciones Dorna).



El jueves por la mañana nos dedicamos a escuchar algunas presentaciones, ojear libros y jugar a juegos de mesa, y luego asistimos al taller "Creando la escaleta para tu novela", impartido por la gran Sofía Rhei. Al principio pensé que trataría de literalmente escribir cosas serias como si estuviéramos en clase de la facultad y yo no había llevado ni una libreta (de hecho no llevaba ni las gafas porque el taller era a las 15:30 y llegamos corriendo de comer sin pasar por el hotel), pero en realidad consistía en, entre todos los asistentes, ir creando una historia en común y decidir cómo haríamos la escaleta. Me pareció muy interesante aprender sobre el método de escritura de Sofía, que escribe mucho y muy bien, y poner ideas en común y conseguir salvar una trama que se complicaba cada vez más pero tenía todos sus cabos bien atados. Hasta yo participé, y quien me conoce sabe que soy la antítesis de una oradora, pero es que me lo pasé muy bien en el taller y aprendí un montón. Esto se dividía en dos sesiones, jueves y viernes. Después estuvimos en la presentación de la saga "Alfas", de Patricia García-Rojo, que sé que tiene mucho éxito y la verdad creo que no es para menos. Patricia me pareció encantadora y tengo ganas de darle una oportunidad a la saga. Y tras esta presentación nos fuimos a la de "Lobizona", de Romina Garber, que también la conocía por leer reseñas en bookstagram y me había llamado la atención. Romina también fue un encanto, nos trajo regalitos y habló muy bien de su novela, que va de fantasía, inmigración y magia, y traeré reseña cuando la lea. Spoiler: me compré el libro y me lo firmó. El último evento del día fue la presentación de Molpeditorial, una nueva editorial de libros para escritores a la que recomiendo que echéis un ojo porque me pareció bastante útil.

Y resulta que el viernes 16 de julio... era mi cumpleaños. Y el día fue muy guay. Primero fuimos a la charla "Diseccionando el fenómeno Harry Potter", aunque esta no me gustó demasiado, porque pensaba que hablarían de lo que ha supuesto esta saga para la literatura universal, o que serían críticas con la obra... pero solo eran dos chicas muy fans hablando de que les gustaba la saga y de cómo tienen toda su vida dedicada a ella. Fue un poco decepcionante, muy fan pero poco análisis. Pero bueno, igual soy yo que soy una criticona (para eso tengo un blog). Nos quedamos en el auditorio porque tocaba "¡Nosotros también hacemos cómic!", con Claudia Gray, Daryl Gregory y David Wellington, sobre el mundo de los cómics. No sé por qué no recuerdo demasiado el contenido de esta charla, pero sé que me gustó y que me reí mucho, porque estos autores, especialmente Gregory, son divertidísimos. Y nos quedamos ahí de nuevo para el encuentro con John Garvin, que habló de los videojuegos en los que ha participado. Después estuvimos en la presentación de "Brujas de arena", de Marina Tena Tena, libro que me arrepiento de no haber comprado porque me lo vendió muy bien, y sé que se agotaron todos los ejemplares que vendían en el festival (y eran muchos). Después volvimos al taller de escaleta de Sofía Rhei. Por la tarde teníamos el encuentro más esperado de mi amiga: el de Daryl Gregory. Yo no lo conocía de nada, pero es majísimo, muy divertido, y de tanto hablarme de lo bien que escribe y pasármelo genial en su charla, me compré uno de sus libros y me lo firmó. Me dijo que la manera de escribir mi nombre era la más simple y eficiente que había visto, así que dedicó el libro a "the efficient Ana". Me muero. Y eso que lo mejor aún estaba por llegar. Por fin llegó el momento de la presentación del último libro de Victoria Álvarez, mi autora favorita. Es tan maja, tan lista, tan mona, hace todo tan bien... Yo ya tengo algún libro suyo firmado y otros lo he cogido en la biblioteca, así que aproveché para comprar "La Costa de Alabastro", que es de terror, para que me lo firmara y regalárselo a mi novio. Victoria trajo un montón de merchandising y me llevé una lámina enorme de Helena y Arshad que es preciosa. Y el día terminó con "Poniendo voz a personajes de animación políticamente incorrectos", con las actrices de doblaje de Cartman y de Lois Griffin, una charla interesante y divertida.


Llegamos al final del festival, al sábado. Nos teníamos que ir después de comer, así que nos perdimos muchas actividades, pero por la mañana todavía hicimos cosas, como ir a la charla "Escribiendo en el universo Star Wars", con Claudia Gray y Zoraida Córdova. Yo no soy la mayor fan de Star Wars, pero ver a todo el grupo de cosplay Orden 66 vestido de los personajes y a estas dos autoras hablando de cosas como cómo negociar con Disney para ambientar los parques temáticos de la saga según los libros que escriben me pareció chulísimo. Y por supuesto, acabamos el festival con lo que más estaba esperando, el encuentro con Victoria Álvarez, casi una hora en el auditorio hablando de todas sus obras. Una vez más, me atreví a hacer una pregunta en un auditorio lleno de gente, pero por mi autora favorita hago lo que sea. Y eso es todo lo que hicimos en los cinco días, aunque me dejo presentaciones y otras cosas, para no aburriros.

¡Hora del unboxing! En total me llevo siete libros, todos muy distintos entre sí. 

Me habría comprado más libros con la excusa de mi cumpleaños, pero no me habrían cabido en la maleta. El año que viene, si todo va bien, habrá más. Me lo he pasado muy bien y me da pena que se haya acabado, pero me llevo muchas cosas buenas de este festival y eso es lo importante. Iré trayendo las reseñas de los libros a medida que los lea, y mientras seguiré con las entradas de otro tipo de temas, que parece que os siguen gustando. Me despido ya y termino esta entrada un poco diferente pero que tenía ganas de hacer. Espero que os haya gustado, especialmente el vídeo que he subido a Instagram, que he grabado y editado yo, así que dadle amor si os ha gustado. Las fotos no son mías, sino de @festivalcelsius en Twitter, y en alguna salgo yo ;)
¡Nos leemos pronto!

miércoles, 12 de mayo de 2021

Autor, narrador, lector... hablemos de niveles narrativos

 ¿Es el autor lo mismo que el narrador? Si el narrador se dirige a Vuestra Merced, ¿me tengo que dar por aludido/a? ¿Cuántos niveles narrativos puede haber en una historia?

Antes de nada, muchísimas gracias por todo el apoyo que estoy recibiendo: ¡en Instagram ya somos 600! Y además me ha hecho mucha ilusión comprobar que la entrada del Romanticismo ha gustado mucho, por lo que entiendo que la teoría de la literatura es interesante para... ¿ti? ¿Vosotros/as? Espera, ¿con quién estoy hablando realmente? ¿A quién se dirige un texto? ¿Y quién lo escribe?

Pues en este caso responder esas preguntas es muy fácil, porque en este blog, como no es ficción, podemos identificar a la autora con la narradora, y al lector, que eres tú (o vosotros/as) con el lector para el que yo escribo. Pero podría no ser así. Podría haber decidido crear un alter ego que fuera la meiga y hablar en su nombre, y entonces yo (Ana) pasaría a ser solo la autora, mientras que la narradora sería un ser ficticio (la meiga). Y la meiga podría estar escribiendo para un lector específico, un joven aprendiz de brujo, por ejemplo, y entonces ya no serías , porque el lector real y el lector implícito ya no serían el mismo: tú serías real, pero no te identificas con el lector de dentro de la ficción. 

Esto puede sonar un poco raro al principio, pero es como cuando se dice que separes al autor de su obra. De hecho, deberíamos hacer eso siempre, ya que (en mi opinión) un buen autor es aquel cuya voz no se oye dentro de la novela. Es decir, un autor capaz de crear diferentes voces para distintos narradores que no se identifiquen consigo mismo. Por eso, el autor y el narrador no son lo mismo. Y por la misma razón, el lector y el receptor tampoco lo son. 

Ahora que esta parte ha quedado clara, vamos a complicarlo un poco y a hacerlo más interesante.

Algo que me apasiona en una obra de ficción es que el autor juegue con distintos niveles narrativos, me parece muy original y divertido porque sirve para muchas cosas. Por ejemplo, para engañar al lector. Porque, ¿qué pasa si yo tengo a mi narrador en tercera persona, omnisciente y totalmente fiable, y de repente un personaje secundario que es un mentiroso compulsivo acapara la narración durante veinte páginas contando batallitas de las que no te puedes fiar? Pues lo que pasa es que se ha colado otro nivel narrativo en el que ha habido un nuevo narrador que quizá esté engañando al lector y a los personajes, y una vez acabe su marco el narrador principal retomará la historia y el lector volverá a la normalidad.

Y ahora estás pensando: Ana, eso es muy guay, ¿pero eso pasa? ¿Puede el autor engañarme con sus niveles narrativos como si fuera una tela de araña? Pues sí, eso pasa, pero quizás no le hayas dado importancia, así que aquí estoy yo para ponerte ejemplos.

Primer ejemplo: Frankenstein. Después de la entrada del Romanticismo y también del libro que acabo de terminar (El Efecto Frankenstein, del que habrá reseña en unos días), tenía que hablar de este libro.

Para empezar, la novela no tiene forma de novela tradicional, sino que es una novela epistolar, es decir, que está narrada en forma de cartas. En ellas, Robert Walton  escribe a su hermana Margaret Saville sobre sus andanzas por el Polo Norte y también sobre su encuentro con Víctor Frankenstein. Dentro de este marco narrativo, Frankenstein inicia su narración, en la que le cuenta a Robert la historia de su vida, la creación del famoso monstruo y su huida hasta el Polo Norte. Y dentro de la narración de Frankenstein cuenta un encuentro con el monstruo, en el que este le relata durante varios capítulos la historia de su propia existencia y lo que ha hecho. También en la narración de Frankenstein aparecen cartas, en las que añadimos un marco nuevo. Finalmente la narración de Víctor termina y volvemos a la carta de Robert a Margaret, en la que relata el final de la historia, que no cuento para no hacer spoilers. A ver si así queda más claro:

Segundo ejemplo: El Nombre del Viento. Esta vez en vez de un clásico elijo un best-seller, por el bien de la variedad. Y es que este libro no solo es buenísimo, sino que juega con los niveles narrativos de una manera muy particular. Porque, ¿cómo vas a fiarte de un narrador que es un fanfarrón, que supuestamente lo hace todo bien, y que sabes que es un gran mentiroso y que oculta secretos? Pues no puedes fiarte, te toca leer y desconfiar.

Vamos a analizarlo: en el primer nivel, como siempre, tenemos al autor real y al lector real (Patrick Rothfuss y tú). En el segundo, ya dentro de la historia, tenemos un narrador en tercera persona, omnisciente, que va a contar una versión fidedigna de los hechos. Pero el más importante es el siguiente nivel, en el que el protagonista, Kvothe, se pone a contar su historia a un cronista que va a escribir su narración palabra por palabra. Además, dentro de este marco tenemos otros más pequeños, como personajes secundarios contando otras historias. El esquema se quedaría como el de Frankenstein menos por el detalle de que aquí tenemos un narrador externo. La tercera persona suele implicar veracidad, pero ya hemos visto que solo es un truco para meterte después a uno de los narradores menos fiables de la literatura, que literalmente reconoce que cuenta su versión de los hechos de la manera que quiere. Me parece un uso brillante de esta técnica, porque Rothfuss podría haber elegido solamente al narrador en primera persona y no complicarse, pero decidió hacerlo más complejo y mucho más interesante.

Podría poner más, pero creo que la entrada está quedando larga y además me gustaría leer vuestros comentarios con los ejemplos que se os ocurran. Si esta entrada recibe apoyo seguiré trayendo contenido de teoría de la literatura, que tengo para rato. Mientras tanto, nos leemos en la próxima entrada, que será la reseña de El Efecto Frankenstein (os juro que no tenía intención de hablar tantísimo de Frankenstein en este blog). 

¡Hasta la próxima!


miércoles, 5 de mayo de 2021

¡Qué romántico!

 ¡Qué diferente es el concepto de lo romántico para cada persona! Para unos es que les regalen flores, para otros que les lleven el desayuno a la cama... y para otros es la nostalgia de tiempos pasados, la conciencia de la propia existencia, la melancolía, la originalidad y la imperfección de la obra inacabada... ah, que ese es otro concepto.

A veces envidio a los ingleses porque ellos usan la mayúscula también para los adjetivos. Me explico: si yo veo una pareja de la mano, diría "qué romántico", refiriéndome al amor, pero si veo el cuadro del "caminante sobre el mar de nubes" y digo que es romántico, habrá alguien que me mire como raro. ¡Pero es que es romántico! En inglés, el primer caso sería "romantic" y el segundo "Romantic". Y, sinceramente, yo sería más feliz si en español hiciéramos alguna distinción. Porque, ¿cómo explico yo que me encanta el Romanticismo sin especificar que va con mayúscula? ¿Que no es que me guste el amor, sino la angustia por la existencia del ser humano y el ambiente un poco tétrico? ¿Suena muy raro, o despierta tu interés?

Por si no entiendes de qué hablo, o tienes la asignatura de literatura del instituto un poco olvidada, te ayudo un poco. Pero te ayudo como me ayudó a mí mi profesor favorito, con ejemplos.















Vale, lluvia de ideas: Sentimiento de libertad. Temas mitológicos. Nostalgia por tiempos pasados. Nacionalismo. Individualismo. Subjetivismo. Rebeldía. Superstición. Pasión. El sentimiento sobre la razón. Imperfección.

Podría seguir, pero esto no es una clase de teoría, yo solo vengo a contar por qué el Romanticismo es el movimiento artístico más guay. Pertenece a la primera mitad del siglo XIX (1800 y pico, vaya), y aparece en Alemania, Francia e Inglaterra como una respuesta a la Ilustración y al Clasicismo, donde todo era muy recto y muy correcto, porque buscaban la perfección, la universalidad, el conocimiento, el imitar a los clásicos (especialmente la Antigua Grecia), lo filosófico... y claro, pasó lo que pasa siempre: apareció el movimiento contrario, lleno de sentimiento e imperfección. Y subjetivamente te digo que está infravalorado. Otro día me meteré en el rollo de qué pasa cuando se dan los temas de literatura en el instituto a todo correr y sin tiempo a que el alumno se interese por lo que está estudiando, pero te hago un spoiler: que el alumno sale con un puré de ideas mezcladas que no sabe de dónde le vienen. Y claro, así es imposible que los conocimientos se asienten. Y mira, es una pena.

Pero ahora sabes, o recuerdas (o sabes más que yo, lo que es muy probable), que el Romanticismo en realidad te encanta y además te apetece volver a echarle un vistazo a todas aquellas obras de las que te hablaron en el instituto y a las que no hiciste ni caso. Por ejemplo, apuesto a que recuerdas la Canción del Pirata, de Espronceda, el típico ejemplo de poesía, pero yo te recomiendo, por ejemplo, la poesía de William Wordsworth o de William Blake (los escritores ingleses se llaman todos William, como William Shakespeare), o de Edgar Allan Poe (que no es inglés sino estadounidense). En prosa, te recomiendo mucho La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson, que se lee muy fácilmente y es muy entretenida, y no puede faltar Frankenstein de Mary Shelley, que leí con bajas expectativas y ahora me parece una obra increíble (otro día haré una entrada sobre sus marcos narrativos, que es un tema que me apasiona). Por supuesto que hay muchísimo más que leer, pero yo quería mencionar mis favoritos y hablar de un tema que me gusta mucho sin profundizar demasiado.

Voy a dejar la entrada aquí, pero antes quiero agradecer el apoyo que está teniendo mi cuenta de Instagram: ¡ya somos 400! Estoy súper contenta de haber empezado esta nueva aventura aunque tenga poco tiempo que dedicarle. Pronto traeré la reseña de La Ciudad de las Sombras, que adelanto que me ha encantado. Me despido, pero nos leemos en los comentarios, donde puedes decirme cuál es tu movimiento artístico favorito y por qué es el Romanticismo ;)
¡Hasta la próxima!