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miércoles, 14 de diciembre de 2022

Técnicas narrativas: stream of consciousness

 ¿Os habéis fijado alguna vez en cómo los pensamientos van de un lado para otro sin ningún tipo de orden y en que van de un lado a otro sin parar y que en nuestra cabeza tendemos a repetir y repetir y repetir y dar vueltas a la misma idea y parece que nunca se nos acaban los pensamientos y que en cambio cuando escribimos o hablamos tenemos que poner signos de puntuación y hacer distintas oraciones porque si no sería imposible entendernos porque si no hablaríamos y hablaríamos sin parar y todo sería un caos?

O también podríamos hablar así. Con pausas. Con calma. Con otro ritmo. Uno más calmado. Poniendo los pensamientos en orden. Frenando la corriente de consciencia. Reflejando un tono muy, muy diferente.

o podríamos entrar en una locura en la que el autor nos muestre que realmente está de los nervios porque tiene muchas cosas que hacer tiene que levantarse tiene que hacer la comida tiene que pasear al perro tiene que terminar esa entrega vaya hace un día soleado tiene que darse una ducha no sabe si queda papel higiénico tendrá que ir a comprar quiere terminar ese libro vaya ruido están haciendo los vecinos además tiene hambre y tiene que recoger el coche y tiene que y tiene que y tiene que y está harto de tener que hacer tantas cosas y está harto harto harto

Esto que acabo de hacer (o intentar) se conoce en literatura como "corriente/flujo de consciencia" o "stream of consciousness". Se trata de imitar los pensamientos y sentimientos del personaje de forma más realista y directa. Porque no es lo mismo pensar que hablar o escribir. Cuando escribimos, tratamos de no ser repetitivos, de que haya una armonía en el texto, y cuando hablamos también lo hacemos pero en menor medida porque sí nos permitimos las repeticiones, las pausas, los fallos de concordancia, etc. Cuando pensamos, en cambio, no ocurre eso. Podemos tener una misma frase, palabra o fragmento de canción dando vueltas en nuestro pensamiento durante horas, a veces sin que podamos evitarlo. O simplemente, no pensamos "¡Qué día tan bonito, qué azul está el cielo! Voy a salir a dar un paseo", sino algo más parecido a: "Sol. Calor. Pasear. Me llevo al perro. Al parque.", o quizás a: "No sé si irme al parque. Hace un día bonito pero mejor me llevo la chaqueta por si refresca. La última vez que fui al parque llovió. Vaya, no recuerdo dónde dejé el paraguas. Se lo habrá llevado Juan. Siempre hace lo mismo. Un día tendré que decirle algo. ¿A qué venía todo esto? Ah, sí, el parque."

Hay muchas maneras de reflejar el ritmo de los pensamientos cuando escribimos, y el stream of consciousness es la técnica narrativa que sirve para hacer esto mismo. Aunque no es exclusivo de este periodo, suele relacionarse con los movimientos modernistas de principios del siglo XX por su gran desarrollo. Creo que la mejor manera de mostrar cómo funciona esta técnica es dejaros un fragmento de, por ejemplo, el inicio de la novela Las Olas de Virginia Woolf:

–Veo un anillo –dijo Bernard–, cuelga sobre mí. Tiembla, está suspendido de un bucle de luz.

–Veo una pieza de color amarillo pálido –dijo Susan–, se extiende lejos, hasta que se reúne con una cinta de color púrpura.

–Oigo un sonido –dijo Rhoda–, chipi, chip, chipi, chip, sube y baja.

–Veo un globo –dijo Neville–, cuelga como una gota ante la enorme falda de una colina.

–Veo una borla carmesí –dijo Jinny– trenzada con hilos de oro.

–Oigo un golpe –dijo Louis–. La mano de un enorme animal encadenado. Golpea, golpea, golpea.

–Ved la telaraña en la esquina del balcón –dijo Bernard–. Tiene gotas de agua, gotas de luz blanca.

–Se han agolpado las hojas alrededor de la ventana, parecen orejas puntiagudas –dijo Susan.

–Cae una sombra en el camino –dijo Louis–, parece un codo.

–Nadan en la hierba islas de luz –dijo Rhoda–. Descienden desde los árboles.

–Entre los túneles que forman las hojas brillan los ojos de los pájaros –dijo Neville.

–Los tallos están cubiertos de pelos cortos e hirsutos –dijo Jinny–, se les han adherido gotas de agua.

 Y esto continua así páginas y páginas. No es una novela demasiado larga, pero sí muy complicada de leer porque está estructurada casi exclusivamente sobre los diálogos, o más bien pensamientos, de estos seis personajes. Todo lo que está en el texto es un reflejo directo de lo que sale de la cabeza de estos hombres y mujeres, sin filtro y sin aparente orden ni cuidado, a pesar de que cada palabra sí que está cuidadosamente escogida para que el lector sea capaz de reconstruir qué está ocurriendo o de qué se está hablando en la escena. Yo siempre recomiendo intentar leer libros complicados, pero admito que este es realmente difícil. Si queréis probar, os dejo un pequeño fragmento compartido por la editorial Edhasa aquí.

Es un gran ejemplo sobre esta técnica, pero voy a añadir uno más: el inicio de El ruido y la furia, de William Faulkner, un libro que me parece fascinante y a la vez una tortura al enfrentarse a su lectura:

A través de la cerca, entre los huecos de las flores ensortijadas, yo los veía dar golpes. Venían hacia donde estaba la bandera y yo los seguía desde la cerca. Luster estaba buscando entre la hierba junto al árbol de las flores. Sacaban la bandera y daban golpes. Luego volvieron a meter la bandera y se fueron al bancal y uno dio un golpe y otro dio un golpe. Después siguieron y yo fui por la cerca y se pararon y nosotros nos paramos y yo miré a través de la cerca mientras Luster buscaba entre la hierba.

 Las repeticiones, la aparente falta de signos de puntuación, la ausencia de contexto o de explicación sobre lo que realmente está sucediendo en escena, como dónde están o quiénes son esas personas, todo ello forma parte de la manera que tiene el autor de reflejar cómo ve el mundo el personaje que hace de narrador en esta parte de la historia. Poco después y de forma bastante sutil se revela que la voz narrativa pertenece a un hombre de treinta y tres años con discapacidad mental, y por ello la narración se verá afectada. La novela se divide en cuatro partes con sus cuatro narradores, siendo este el primero, y los demás también tienen sus particularidades. La segunda parte la cuenta un hombre con depresión que de hecho se termina suicidando, por lo que su narración es confusa, llena de discordancias y pesimismo y, hacia el final, lo remata con una total ausencia de signos de puntuación:

Simplemente imaginando los árboles me parecía oír murmullos ocultos oleajes oler el pálpito de sangre caliente bajo la palpable carne salvaje alerta tras los párpados enrojecidos el sátiro desenfrenado parejas copulando apresuradamente dirigiéndose hacia el mar y él debemos permanecer alerta y contemplar por un momento la ejecución del mal mientras no siempre y yo no tiene por qué durar tanto incluso para un hombre de valor y él acaso consideras que eso es valor y yo sí señor usted no y él cada hombre es árbitro de sus propias virtudes tanto si lo consideras un acto de valor como si no tiene más importancia que el acto en sí mismo que cualquier otro acto de otro modo no serías sincero y yo usted no cree que lo digo en serio y él creo que eres demasiado serio para darme motivos de alarma de otro modo no habría hecho falta que te sintieras obligado a decirme que has cometido incesto y yo no mentía y él...

 La tercera parte está narrada por un personaje cínico y amargado, más directo, por lo que su narración es lineal y fría. Y finalmente la última parte cuenta con un narrador externo en tercera persona focalizado en la sirvienta de la familia. Cada voz tiene un estilo, unas particularidades y una corriente de pensamiento diferentes.

Los ejemplos de Woolf y Faulkner son muy diferentes, ya que en este último podemos identificar al narrador de forma diferenciada mientras que en el primero las voces se entremezclan y a veces se separan, como en un coro (de hecho, es una novela coral: varios personajes tienen el mismo protagonismo y peso en sus propias historias). Podría poner muchos más ejemplos, como Proust, Joyce o Plath, pero creo que os hacéis una idea.

Por último, quiero añadir que no hay que confundir la corriente de consciencia con el monólogo interior, a pesar de que suelen ser intercambiables ya que los límites son difusos. El monólogo interior es el reflejo del pensamiento del personaje de forma convencional, mientras que la corriente de consciencia lo lleva al extremo hasta abusar de las interjecciones, las repeticiones, la falta de puntuación y demás recursos. Se trata de dejar que el pensamiento fluya de forma caótica y desordenada, sin dar explicaciones y de la manera en la que alguien realmente pensaría para sí mismo.

Espero que esta entrada haya sido útil para aprender sobre un concepto que a mí me resulta muy interesante, y que incluso os sirva para aplicarlo en vuestra escritura (pero con cuidado, ¿eh? No vayáis a hacer un texto imposible de entender). ¡Nos leemos en la próxima entrada!

sábado, 19 de febrero de 2022

El canon literario... ¿universal?

 ¡Qué curioso me parece que tengamos una serie de grandes obras que todo el mundo conoce! Esas obras de referencia, esos grandes autores que han servido de inspiración a otros a lo largo de la historia y que han llegado hasta nuestros días. Seguro que tienes en mente las típicas listas de "Cien libros que debes leer antes de morir", "Grandes autores que debes conocer", "Treinta clásicos que debes leer antes de los treinta". Porque DEBES leerlos o al menos DEBES conocerlos. ¿Cómo no vas a haber leído el Quijote, aunque no te guste? ¿Qué haces con tu vida si aún no has leído el Ulises, a ver? Pero hombre, ¿de verdad no te has leído los nueve tomos de Historias de Heródoto? Ah, ¿que estás perdiendo el tiempo leyendo fantasía juvenil?

Bueno, por si no queda claro, esa no es mi opinión. Al menos, no del todo. Recientemente he tenido una conversación de este estilo con una persona que defendía a capa y espada las grandes obras de la historia pero despreciaba la literatura juvenil. Y yo no quiero que esta persona me malinterprete, porque entiendo perfectamente su postura y la respeto, pero no la comparto. Mi opinión es más bien la siguiente: se puede leer de todo y disfrutarlo de la misma o de distinta forma. Que sí, que no puedes comparar leer a Joyce y a Rowling, que no tiene nada que ver y que es una experiencia totalmente opuesta. Vale, es cierto, pero eso no quiere decir que no puedas disfrutar de las dos experiencias. La persona de la que os hablo no me creía, y por eso quiero conocer más opiniones sobre esto.

Algo importante que debo añadir es que no desprecio ningún tipo de literatura porque puede tener distintas funciones, principalmente entretener y enseñar. Así que no veo por qué no vas a disfrutar un libro solo por entretenimiento. Pero hay otra forma de disfrutar de la literatura, que es cuando se vuelve un reto, cuando te enfrentas a algo que no pensabas que leerías y, especialmente, cuando descubres que en realidad no era tan difícil. Para mí, hay dos tipos de libros "clásicos": unos serían los que son complejos, largos, aburridos, difíciles de entender, esos que mucha gente conoce pero que pocos se atreven a leer... aquí metería obras muy antiguas como La Ilíada o La Odisea, modernistas como El ruido y la furia o En busca del tiempo perdido... esos a los que podríamos tenerles "miedo", aunque no deberíamos. El segundo grupo contendría libros a los que se les tiene miedo por ser llamados clásicos pero que en realidad no son difíciles y son muy entretenidos, y aquí podría incluir muchos más ejemplos como Frankenstein, Cumbres Borrascosas, 1984, La importancia de llamarse Ernesto, La isla del tesoro, Fahrenheit 451, Romeo y Julieta...

Pero vamos a la parte importante: ¿qué es realmente un "clásico"? Pues es una obra que ha sido capaz de sobrevivir al paso del tiempo y de convertirse en un referente, muy conocida y que se sigue leyendo, analizando, estudiando y enseñando. Es decir, que forma parte del canon literario.

El canon literario es un conjunto de obras que forman parte de la literatura de la alta cultura, por su calidad, originalidad, rasgos formales o temáticos, y que no quedan obsoletas. Se han hecho diversas clasificaciones con las obras que se deben incluir en este canon, y yo no os voy a dar una lista definitiva de increíbles obras que debéis leer antes de morir. No, yo estoy aquí por la polémica. Porque casi cualquiera de las clasificaciones que podéis encontrar del canon literario tiene unas características comunes en sus obras, y no me refiero a esa calidad que seguro que tienen todas, sino a sus autores. Desde los años 60 se ha cuestionado el canon por su alarmante cantidad de "hombres blancos europeos y estadounidenses heterosexuales muertos". Y no es para menos. 

Vamos a ver qué clasificación hace el crítico Harold Bloom en su libro El canon occidental. Bloom hace una lista de 26 autores, aunque en realidad se usan como excusa para hacer un recorrido por la historia de la literatura universal. Estos autores son los siguientes: Shakespeare, Chaucer, Milton, Johnson, Wordsworth, Austen, Dickens, Eliot, Woolf, de Montaigne, Molière, Proust, Goethe, Freud, Kafka, Joyce, Beckett, Dante, Cervantes, Tolstoi, Ibsen, Pessoa, Whitman, Dickinson, Borges, Neruda. Por si no los conoces a todos (normal), lo resumo: 23 hombres, 3 mujeres. 22 europeos, 4 americanos (2 de ellos estadounidenses).

Como se puede ver, estas clasificaciones tienen de todo menos variedad. Y no critico la propia lista, que incluye varios/as de mis grandes favoritos/as. Pero no se puede permitir que lo que consideramos el canon literario esté creado únicamente por críticos "hombres blancos occidentales heterosexuales muertos", porque la clasificación tiende a tener las mismas características que ellos. Y vendrá alguien a decirme que no es por eso, sino por la calidad de las obras, y que qué culpa tienen los hombres blancos de que las mujeres racializadas no hayan escrito grandes obras. Claro que sí.

Solo para investigar un poco más, voy a analizar un par de típicas listas de "100 libros que debes leer antes de morir". Vamos a ver esta de Los mejores libros de la historia: 100 novelas que hay que leer antes de los 40. De 100 libros, 26 son de autoras. Esto ya de por sí está descompensado, pero es que además varios de esos libros repiten autoras: Virginia Woolf está dos veces, Chimamanda también... Así que en realidad hay menos de 26 autoras. Veamos este otro: Los 100 mejores libros de la literatura universal. Pues mucho peor, la verdad: 100 libros, 14 son de autoras. Y atención, porque Woolf sale tres veces, y Austen dos. Así que se nos queda una lista hecha por ABC Cultural en la que poco más del 10% de obras son de autoría femenina. Y no quiero hablar de la (muy evidente) falta de autores/as no occidentales en una lista que se atreven a llamar "universal". Os invito a revisar los libros que habéis tenido que leer para clase y ver si esto también pasa.

Las conclusión es, en mi opinión, que el canon literario es totalmente subjetivo y que merece la consideración justa. No podemos pretender hacer una clasificación objetiva, y menos de algo tan relativo como la calidad literaria. Y por esa razón yo puedo llevar la contraria al canon y decir que El guardián entre el centeno me parece un horror. Ahora bien, hay algo en lo que sí o sí tenemos que coincidir con la clasificación canónica, y es en la perdurabilidad de las obras. Que a día de hoy podamos leer Las Metamorfosis de Ovidio de la misma manera que leemos el último bestseller de Javier Castillo es algo que tiene mucho mérito. En cuanto a si esa perdurabilidad se debe a su calidad literaria o a otras características más relacionadas con el origen o el género del autor, lo dejo abierto a la interpretación.

Solo me queda invitarte a reflexionar sobre cuántas grandes obras habrían podido llegar hasta nuestros días si la literatura no hubiera sido monopolizada por hombres. "Pero es que las mujeres no escriben". Ya, es que imagina lo que habrían escrito si les hubieran dejado escribir. Las hermanas Brontë publicaban bajo pseudónimo masculino, y Virginia Woolf decía que "una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas". No les faltaban ganas o capacidad para escribir, les faltaban medios.

Esta entrada se termina aquí, y solo espero que haya sido útil para entender el canon literario (occidental) y por qué os animo a no tomároslo muy en serio. Leed clásicos, leed libros menos conocidos, leed bestsellers o leed lo que más os apetezca. Pero disfrutad, aprended y abrid la mente a nuevas lecturas. Y dejad un comentario, porque me encantaría conocer más opiniones sobre este tema. Nos leemos pronto.

miércoles, 7 de julio de 2021

Bildungsroman o novela de aprendizaje

 ¡Bienvenido sea todo el mundo! Niños y niñas, damas y caballeros, gente de todo tipo, hoy vuestras mercedes van a escuchar la historia de cómo la narradora llegó hasta donde está ahora: leerán sobre su tierna y dura infancia, descubrirán las dificultades que pasó durante su adolescencia, verán cómo viajó, amó, perdió, la traicionaron y aprendió. Y todo ello les llevará a comprender cómo este personaje llegó a ser como es, cómo vivió hasta ahora y cómo fue evolucionando, y sentirán compasión o no, pero al menos podrán juzgar porque conocerán su historia.

¿Os suena algo de esto? ¡Pues claro que sí! Porque es un género de novela con el que te has ido familiarizando a lo largo de tu vida, aunque no supieras ponerle nombre. Y el nombre te va a encantar: "bildungsroman". Suena... ¿alemán? Claro, porque es alemán, y significa literalmente novela de formación o de aprendizaje ("roman" es novela, como en "Romanticismo"). Este género nace supuestamente en el Renacimiento, en concreto está relacionado con la picaresca española: "Pues sepa Vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes". El Lazarillo de Tormes (o La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades), de mediados del siglo XVI, es la obra que mejor expone este género, pues cuenta de forma autobiográfica la vida de Lázaro de Tormes, desde su nacimiento y su miserable infancia hasta su boda en la edad adulta. Pero el auge del género se sitúa en el Romanticismo alemán (principios del siglo XIX), con la obra de Wolfgang Goethe. A partir de ahí irán surgiendo novelas que compartirán características con este género: la evolución y el desarrollo físico, moral, psicológico y social de un personaje, generalmente desde su infancia hasta la madurez, en tres etapas: el aprendizaje de juventud, los años de peregrinación y el perfeccionamiento.

Vamos a verlo más claro con ejemplos. Ya he hablado del Lazarillo, pero también se considera novela de aprendizaje al Quijote, que cuenta sus aventuras y desventuras desde el inicio de estas hasta su muerte. Ahora bien, donde podemos encontrar más ejemplos es sin duda en el siglo XIX, como Emma, Frankenstein, Jane Eyre, Cumbres Borrascosas, Mujercitas, Las Aventuras de Huckleberry Finn, y muchas más que seguramente conozcas. Pero para mí uno de los ejemplos más claros es del siglo XX, y es una obra que no me gustó nada: El Guardián entre el Centeno. De verdad, este libro no tiene punto medio, o te encanta o lo odias. Pero es que es una novela de aprendizaje de manual (aunque no voy a opinar aquí si Holden realmente aprende algo o sigue siendo igual de tonto), ya que el libro empieza así: "Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso." Dice que no quiere contar su infancia, pero la cuenta igualmente, porque él es así.

Pero vamos con ejemplos más actuales, concretamente con uno de mis libros favoritos: El Nombre del Viento. Este va literalmente de un hombre contando a alguien la historia de su vida, desde su nacimiento, infancia, adolescencia y vida adulta, y de cómo va aprendiendo y evolucionando. "Puedo resumirlo todo en una frase: «Viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron.»". Bildungsroman de manual, otra vez, y su infancia recuerda mucho a la del Lazarillo, ya que se convierte en un pícaro que tiene que sobrevivir como puede hasta que, a base de esfuerzo e ingenio, consigue mejorar su situación. No puedo hablar de su vida adulta porque sigue sin salir el tercer libro de la trilogía y no se sabe nada, pero con los dos primeros es suficiente para enamorarnos de la historia.

Puede que conocieras este género con otro nombre: "coming of age". Esto, según lo entiendo yo, se aplica más al cine que a la literatura. Wikipedia dice que el bildungsroman es un subgénero del género "coming of age", pero no he encontrado evidencias de eso así que voy a interpretar que no lo es. La única diferencia que he encontrado es que en este el protagonista suele ser un adolescente y que se centra más en su evolución moral o psicológica, y se alternan los flashbacks con el presente, mientras que en la novela de aprendizaje el protagonista tiende a ser un adulto que relata toda su vida de forma lineal, y su evolución abarca más que lo psicológico. Pero a veces es una diferencia muy difusa y se suelen confundir, así que no pasa nada si los tratas como sinónimos. Lo importante es que te quedes con el concepto y seas capaz de identificarlo cuando estés leyendo un libro o viendo una película.

Llevaba mucho tiempo queriendo hacer esta entrada porque es un tipo de novela que me gusta mucho, me parece un trabajo muy elaborado mediante que el que el autor consigue crear a un personaje totalmente redondo, que el lector va a conocer en profundidad porque lo va a acompañar durante toda la novela. Es, en mi opinión, un arma de doble filo, porque pasar tanto tiempo con el personaje principal puede hacer que el lector se sature: un personaje secundario puede caerte bien o mal, pero si te cae mal el protagonista de una novela como esta puede convertirse en algo muy difícil de leer. A mí me encanta el protagonista de El Nombre del Viento y disfruté la novela, pero sé que otra gente tuvo que dejar de leer porque no soportaba al fanfarrón de Kvothe. Y yo casi no termino El Guardián entre el Centeno porque no aguantaba a Holden. Así que hay que tener cuidado si decidimos escribir una novela como esta y pensar en el pobre lector.

Espero que esta entrada haya sido útil o, al menos, interesante. Estoy viendo que estos temas gustan bastante, así que los seguiré haciendo y alternando con reseñas y otros temas. Y por cierto, aprovecho para comentar que ¡ya somos más de 1.000 en Instagram! Y por eso hice un regalo que quiero compartir también por aquí: he diseñado diez planificadores que podéis descargar y usar como queráis, en agradecimiento por la interacción que recibo. Podéis conseguirlos aquí. Muchas gracias por leerme, ¡hasta la próxima!

jueves, 1 de julio de 2021

Reseña: Asesinato en el Orient Express

 ¡Qué bien sienta cuando un libro que recomienda todo el mundo resulta ser tan bueno como dicen!

Tenía pendiente leer a Agatha Christie desde... siempre. Y esta navidad cogí Diez Negritos de la estantería y fue todo un descubrimiento. Ya que no va a haber reseña porque lo leí hace unos meses, aprovecho para recomendarlo también, porque es un libro que debería leer todo el mundo. Y a raíz de él quise más, así que llegamos a cuando me hice con Asesinato en el Orient Express

Datos:

  • Autora: Agatha Christie
  • Editorial: Booket
  • Páginas: 240
  • Género: novela negra

Sinopsis:

En un lugar aislado de la antigua Yugoslavia, en plena madrugada, una fuerte tormenta de nieve obstaculiza la línea férrea por donde circula el Orient Express. Procedente de la exótica Estambul, en él viaja el detective Hércules Poirot, que repentinamente se topa con uno de los casos más desconcertantes de su carrera: en el compartimiento vecino ha sido asesinado Samuel E. Ratchett mientras dormía, pese a que ningún indicio trasluce un móvil concreto. Poirot aprovechará la situación para indagar entre los ocupantes del vagón, que a todas luces deberían ser los únicos posibles autores del crimen.

Una víctima, doce sospechosos y una mente privilegiada en busca de la verdad.


Reseña:

La verdad es que en un principio no tenía muchas ganas de leerlo porque cometí el error de ver la película antes. Y claro, ya me sabía el final y no fue tan impactante. Seguramente me habría gustado mucho más si no la hubiera visto, aunque incluso sabiendo el desenlace podía sentir la atmósfera intrigante que crea la historia.

Normalmente divido las reseñas en ambientación, personajes y trama, y de los personajes solo voy a hablar del detective, el protagonista de 33 novelas de Christie, Hércules Poirot. Es uno de los más famosos detectives de la ficción, comparable al gran Sherlock Holmes. De origen belga, resuelve sus casos con su propia metodología y su gran inteligencia, centrándose en la psicología de los sospechosos más que en los hechos. Poco puedo decir de este personaje que no se sepa ya, simplemente que me sorprendía cómo conseguía llevar a los sospechosos a hablar de lo que él quería, o cómo unía cabos sueltos de formas que el lector no se esperaba. Tengo ganas de ver al detective resolviendo otros casos.

De la ambientación tengo poco que decir porque, a diferencia de otros libros, este no tiene fantásticas y detalladas descripciones. Lo que destaca aquí es la sencillez, la simplicidad de narrar lo que sucede con datos precisos, como si en lugar de ficción fuera una crónica de un periódico. Está lleno de exactitud, de nombres de personas y de lugares, de horas, minutos y segundos. Está basado en los años treinta, en un tren que iba de Estambul a París que casi se podría llamar hotel. Viene incluso un mapa con los compartimentos de los viajeros para que el lector se sitúe mientras se narran los hechos, lo cual me pareció incluso innecesario por la exactitud con la que estaba narrado todo: no hacía falta mapa, estaba todo muy claro en mi cabeza. Todo, menos la solución al enigma.

Me da mucha pena haber visto antes la película, porque saber el final hizo que fuera mucho menos intrigante. La trama son tres partes muy diferenciadas: al principio, el contexto. Conocemos un poco a quienes viajan y, sobre todo, al detective, que no está en el tren para investigar, pero se ve forzado a trabajar cuando, una noche, se produce un asesinato. A partir de ahí Poirot se dedica a investigar el cuerpo y a hablar con cada uno de los doce sospechosos para dar con una explicación. He de decir que esta parte se me hizo bastante pesada. Si bien vamos conociendo poco a poco los detalles de cada uno de los bien diferenciados personajes y las teorías de Poirot respecto a su implicación en el asesinato, leer doce interrogatorios seguidos con las mismas preguntas puede volverse algo repetitivo. Este es el único problema (que tampoco es un problema, pues no deja de ser una parte importante, interesante y ágil) que me he encontrado en la obra. El desenlace es quizás un poco precipitado, pero es impactante y satisfactorio, me parece brillante. No puedo decir nada del final, evidentemente, pero recomiendo muy fuerte ver la película después de leer el libro. Eso sí, la peli está muy bien, así que vedla.


Opinión final:

Me ha gustado mucho, es una lectura ligera pero a la vez intensa, que atrapa al lector, y por eso voy a seguir leyendo más libros de Christie. Le doy un 4.5/5 porque me gustó mucho más Diez Negritos (recomendadísimo).


Espero que os haya gustado la reseña y os haya convencido de dar una oportunidad a esta autora, aunque la novela negra no sea vuestro estilo. 
¡Nos leemos pronto!

martes, 8 de junio de 2021

El viaje del héroe, o cómo Frodo se fue a Hogwarts para convertirse en Jedi

 ¡Muy buenas! Hoy he vuelto para hacer de profe de conceptos literarios y hablar de uno de mis temas favoritos. Pero antes de nada, ¿todo bien? ¿Habéis bebido agua hoy? ¿Habéis leído mucho estos días? O igual estáis en ese punto en el que ya no sabéis qué leer, porque es que ¡está todo escrito ya! No hay historias originales, ¡todas cuentan lo mismo! O más bien, todas las historias se estructuran igual. A ver, aclaración: no todas las historias se estructuran igual, pero resulta que muchas de las historias que conocemos comparten un mismo esqueleto. Así que hoy traigo... EL MONOMITO, O EL VIAJE DEL HÉROE, O CÓMO LUKE SKYWALKER CRUZÓ LA TIERRA MEDIA PARA DERROTAR A VOLDEMORT.

Pero Ana, qué es eso de monomito, suena graciosísimo. Pues es una palabra que viene del griego (para variar) y significa "mito único", una misma historia que se repite en distintos mitos. También es conocido como "el viaje del héroe" o "el periplo del héroe". Esta teoría la desarrolla Joseph Campbell en El Héroe de las Mil Caras, publicada en 1949, en la que analiza mitos y cuya teoría se convertirá en un referente para obras posteriores. 

Campbell divide el periplo del héroe en una estructura de diecisiete etapas, pero pocos mitos las cumplen todas. A su vez, las etapas se dividen en tres partes: la salida (la vida del héroe antes de la aventura), la iniciación (la propia aventura) y el retorno (la vuelta a casa). A raíz de la teoría de Campbell surgieron otras más actualizadas, y la más común es la desarrollada por el guionista Christopher Vogler en El Viaje del Escritor (1992). Este hace una división de doce etapas, basándose en la original.

Vamos a ver las etapas sin demasiado detalle pero con ejemplos de la obra que me parece que mejor se adapta a esta estructura: El Hobbit, de J. R. R. Tolkien (algún día os hablaré de mi TFG sobre Tolkien, para que entendáis la importancia que tiene este señor).

1. El mundo ordinario

Pues está nuestro hobbit favorito, Bilbo, haciendo su vida normal en La Comarca, en su agujero hobbit, viviendo muy feliz, comiendo mucho y fumando en pipa. Se nos presenta al héroe en su mundo ordinario.

2. La llamada de la aventura

Entonces aparece Gandalf y tiene la descabellada idea de decirle que busca a alguien para vivir una aventura. ¡A quién se le ocurre, con lo bien que se está en La Comarca!

3. El rechazo de la llamada

¿Qué pasa si le dices a un hobbit que salga de su cómoda casa y se vaya a vivir aventuras? Pues eso, que te manda a la m que te dice que no.

4. Encuentro con el mentor

Por suerte a Gandalf se le ocurre marcar una runa en la pequeña puerta del hobbit, haciendo que trece enanos se personen en la casa del pobre Bilbo que, con su hospitalidad propia de los hobbits, les deja pasar.

5. El cruce del primer umbral

Imagínate que eres un hobbit y aparecen trece enanos en tu casa y te cuentan historias de tierras lejanas y te dicen que buscan a alguien para derrotar a un dragón. Bilbo tiene que decidir qué hacer: seguir con su tranquila vida o salir a vivir una aventura.

6. Pruebas, aliados y enemigos

Este es el momento en el que el héroe descubre el mundo especial y decide adentrarse en él, cambiando interiormente a la vez. Es la aventura como tal, en la que nuestro héroe tendrá que demostrar su valía (o minusvalía) a la hora de superar las distintas pruebas que irán apareciendo en su camino. Bilbo se tendrá que enfrentar a trolls, a arañas enormes, a trasgos, a los elfos del Bosque Negro...

7. Acercamiento a la caverna más profunda

El viaje se complica, las pruebas son cada vez más duras y nuestro héroe se prepara para ellas. En este caso las cavernas son literales: Bilbo se adentra en la caverna de Gollum, uno de los momentos más importantes de la mitología de Tolkien, y después, ya con el anillo en su poder, se adentra en la Montaña Solitaria y tiene lugar su encuentro con el temible dragón Smaug.

8. El calvario

Este es el momento de mayor crisis, el clímax de la historia. Smaug, lleno de ira, arrasa la Ciudad del Lago. Bilbo es testigo de la muerte y la desolación que deja el dragón a su paso.

9. La recompensa

El bien ha vencido, Smaug ha sido derrotado (por un héroe más convencional que nuestro hobbit, pero hoy no me meto en ese tema) y todo parece haber salido bien (menos por la ciudad arrasada, pero bueno, cosas que pasan).

10. El camino de vuelta

Todo va bien, volvamos a casa. Espera, que de repente (totalmente inesperado por mi parte) tiene lugar la Batalla de los Cinco Ejércitos. ¿Pero esto no se había acabado? Pues casi, pero aún no.

11. La resurrección del héroe

Aquí el héroe tiene el último encuentro con la muerte, mucho más peligroso, donde deberá demostrar lo que ha aprendido durante el viaje y utilizarlo a su favor para salir bien parado. En este caso Thorin y otros dos enanos caen en la batalla. (Hay quien defiende que Thorin es el auténtico héroe de la historia, pero tampoco me voy a meter ahí hoy.)

12. Regreso con el elixir

La aventura ha terminado, los enanos han recuperado la montaña, Smaug ha muerto y Bilbo puede volver a casa. El héroe vuelve pero ya no es el mismo, algo en su interior ha cambiado para siempre. Bilbo ya no sentirá su casa como su auténtico hogar, siempre seguirá soñando con volver a ver montañas. Tolkien se refería a esto como una sensación parecida al síndrome de estrés post traumático que sufrían los soldados al volver del frente. Vuelve al mundo ordinario, pero su conocimiento sobre el mundo especial no le dejará volver a la normalidad.

Vale, repasamos: el héroe vive feliz en su mundo ordinario, recibe la llamada de la aventura, la rechaza, retoma el contacto con el mentor e inicia la aventura. Supera numerosas pruebas hasta llegar a la más importante, y en el tercer acto aparece otra prueba mas peligrosa aún. Tras superar los obstáculos, el héroe puede regresar al mundo ordinario, pero habrá cambiado interiormente.

¿A qué nos suena todo esto? ¿Puede ser que nos recuerde a Star Wars? Sí, porque George Lucas ha admitido basar la historia en este paradigma. "Anakin, vas a ser un Jedi muy poderoso, ¿te vienes conmigo a un viaje súper peligroso?" ¿Nos recuerda también a cada uno de los libros de Harry Potter, por casualidad? "Eres un mago, Harry, ven conmigo a Hogwarts a cambiar tu percepción de todo lo que conoces." ¿Percy Jackson? ¿Los Juegos del Hambre? Y si miramos hacia los clásicos, el mito de Teseo y el Minotauro, el de Prometeo, el de Orfeo,... hasta historias bíblicas responden a este esquema, de acuerdo con Campbell. Y no solo en la estructura, también en los personajes. El héroe arquetípico (Bilbo, Frodo, Luke, Harry, Percy, Katniss), el mentor que le lleva al mundo especial (Gandalf, Obi Wan, Hagrid o Dumbledore, Haymitch,...), el aliado (o varios) que acompaña al héroe (Sam, Ron, Peeta,...), el viaje a lo desconocido, la transformación personal, las pruebas, la crisis final, el regreso a casa... ¿vemos el patrón?

Pues es que muchas historias siguen este patrón incluso de manera inconsciente, ya que lo tenemos totalmente interiorizado en el imaginario colectivo. Ahora te darás cuenta de muchos ejemplos que conoces, y seguramente siga este patrón la historia que estás escribiendo tú. ¡Y no es algo malo!  Pero hay que hacerlo con cuidado (y conocimiento), porque se suele decir que se vuelve repetitivo y predecible. Yo soy más de pensar que todas las historias están ya escritas y que lo que hagas no va a ser original pero sí diferente, así que escribe lo que te apetezca y que sean los eruditos los que se preocupen de los patrones.

Espero que os haya gustado esta entrada, que hayáis aprendido mucho y que os vaya a servir para entender mejor lo que leéis. Aprovecho para agradecer la acogida que le habéis dado al viernes de trivial en mi Instagram, en el que cada viernes voy a subir un trivial de literatura universal a mis historias y el sábado doy las respuestas. Ha participado mucha gente y estoy encantada. ¡No olvides que este viernes hay más! Nos leemos en la próxima entrada, que será la reseña de La Conjura de Aramat.

¡Hasta pronto!

miércoles, 12 de mayo de 2021

Autor, narrador, lector... hablemos de niveles narrativos

 ¿Es el autor lo mismo que el narrador? Si el narrador se dirige a Vuestra Merced, ¿me tengo que dar por aludido/a? ¿Cuántos niveles narrativos puede haber en una historia?

Antes de nada, muchísimas gracias por todo el apoyo que estoy recibiendo: ¡en Instagram ya somos 600! Y además me ha hecho mucha ilusión comprobar que la entrada del Romanticismo ha gustado mucho, por lo que entiendo que la teoría de la literatura es interesante para... ¿ti? ¿Vosotros/as? Espera, ¿con quién estoy hablando realmente? ¿A quién se dirige un texto? ¿Y quién lo escribe?

Pues en este caso responder esas preguntas es muy fácil, porque en este blog, como no es ficción, podemos identificar a la autora con la narradora, y al lector, que eres tú (o vosotros/as) con el lector para el que yo escribo. Pero podría no ser así. Podría haber decidido crear un alter ego que fuera la meiga y hablar en su nombre, y entonces yo (Ana) pasaría a ser solo la autora, mientras que la narradora sería un ser ficticio (la meiga). Y la meiga podría estar escribiendo para un lector específico, un joven aprendiz de brujo, por ejemplo, y entonces ya no serías , porque el lector real y el lector implícito ya no serían el mismo: tú serías real, pero no te identificas con el lector de dentro de la ficción. 

Esto puede sonar un poco raro al principio, pero es como cuando se dice que separes al autor de su obra. De hecho, deberíamos hacer eso siempre, ya que (en mi opinión) un buen autor es aquel cuya voz no se oye dentro de la novela. Es decir, un autor capaz de crear diferentes voces para distintos narradores que no se identifiquen consigo mismo. Por eso, el autor y el narrador no son lo mismo. Y por la misma razón, el lector y el receptor tampoco lo son. 

Ahora que esta parte ha quedado clara, vamos a complicarlo un poco y a hacerlo más interesante.

Algo que me apasiona en una obra de ficción es que el autor juegue con distintos niveles narrativos, me parece muy original y divertido porque sirve para muchas cosas. Por ejemplo, para engañar al lector. Porque, ¿qué pasa si yo tengo a mi narrador en tercera persona, omnisciente y totalmente fiable, y de repente un personaje secundario que es un mentiroso compulsivo acapara la narración durante veinte páginas contando batallitas de las que no te puedes fiar? Pues lo que pasa es que se ha colado otro nivel narrativo en el que ha habido un nuevo narrador que quizá esté engañando al lector y a los personajes, y una vez acabe su marco el narrador principal retomará la historia y el lector volverá a la normalidad.

Y ahora estás pensando: Ana, eso es muy guay, ¿pero eso pasa? ¿Puede el autor engañarme con sus niveles narrativos como si fuera una tela de araña? Pues sí, eso pasa, pero quizás no le hayas dado importancia, así que aquí estoy yo para ponerte ejemplos.

Primer ejemplo: Frankenstein. Después de la entrada del Romanticismo y también del libro que acabo de terminar (El Efecto Frankenstein, del que habrá reseña en unos días), tenía que hablar de este libro.

Para empezar, la novela no tiene forma de novela tradicional, sino que es una novela epistolar, es decir, que está narrada en forma de cartas. En ellas, Robert Walton  escribe a su hermana Margaret Saville sobre sus andanzas por el Polo Norte y también sobre su encuentro con Víctor Frankenstein. Dentro de este marco narrativo, Frankenstein inicia su narración, en la que le cuenta a Robert la historia de su vida, la creación del famoso monstruo y su huida hasta el Polo Norte. Y dentro de la narración de Frankenstein cuenta un encuentro con el monstruo, en el que este le relata durante varios capítulos la historia de su propia existencia y lo que ha hecho. También en la narración de Frankenstein aparecen cartas, en las que añadimos un marco nuevo. Finalmente la narración de Víctor termina y volvemos a la carta de Robert a Margaret, en la que relata el final de la historia, que no cuento para no hacer spoilers. A ver si así queda más claro:

Segundo ejemplo: El Nombre del Viento. Esta vez en vez de un clásico elijo un best-seller, por el bien de la variedad. Y es que este libro no solo es buenísimo, sino que juega con los niveles narrativos de una manera muy particular. Porque, ¿cómo vas a fiarte de un narrador que es un fanfarrón, que supuestamente lo hace todo bien, y que sabes que es un gran mentiroso y que oculta secretos? Pues no puedes fiarte, te toca leer y desconfiar.

Vamos a analizarlo: en el primer nivel, como siempre, tenemos al autor real y al lector real (Patrick Rothfuss y tú). En el segundo, ya dentro de la historia, tenemos un narrador en tercera persona, omnisciente, que va a contar una versión fidedigna de los hechos. Pero el más importante es el siguiente nivel, en el que el protagonista, Kvothe, se pone a contar su historia a un cronista que va a escribir su narración palabra por palabra. Además, dentro de este marco tenemos otros más pequeños, como personajes secundarios contando otras historias. El esquema se quedaría como el de Frankenstein menos por el detalle de que aquí tenemos un narrador externo. La tercera persona suele implicar veracidad, pero ya hemos visto que solo es un truco para meterte después a uno de los narradores menos fiables de la literatura, que literalmente reconoce que cuenta su versión de los hechos de la manera que quiere. Me parece un uso brillante de esta técnica, porque Rothfuss podría haber elegido solamente al narrador en primera persona y no complicarse, pero decidió hacerlo más complejo y mucho más interesante.

Podría poner más, pero creo que la entrada está quedando larga y además me gustaría leer vuestros comentarios con los ejemplos que se os ocurran. Si esta entrada recibe apoyo seguiré trayendo contenido de teoría de la literatura, que tengo para rato. Mientras tanto, nos leemos en la próxima entrada, que será la reseña de El Efecto Frankenstein (os juro que no tenía intención de hablar tantísimo de Frankenstein en este blog). 

¡Hasta la próxima!


miércoles, 5 de mayo de 2021

¡Qué romántico!

 ¡Qué diferente es el concepto de lo romántico para cada persona! Para unos es que les regalen flores, para otros que les lleven el desayuno a la cama... y para otros es la nostalgia de tiempos pasados, la conciencia de la propia existencia, la melancolía, la originalidad y la imperfección de la obra inacabada... ah, que ese es otro concepto.

A veces envidio a los ingleses porque ellos usan la mayúscula también para los adjetivos. Me explico: si yo veo una pareja de la mano, diría "qué romántico", refiriéndome al amor, pero si veo el cuadro del "caminante sobre el mar de nubes" y digo que es romántico, habrá alguien que me mire como raro. ¡Pero es que es romántico! En inglés, el primer caso sería "romantic" y el segundo "Romantic". Y, sinceramente, yo sería más feliz si en español hiciéramos alguna distinción. Porque, ¿cómo explico yo que me encanta el Romanticismo sin especificar que va con mayúscula? ¿Que no es que me guste el amor, sino la angustia por la existencia del ser humano y el ambiente un poco tétrico? ¿Suena muy raro, o despierta tu interés?

Por si no entiendes de qué hablo, o tienes la asignatura de literatura del instituto un poco olvidada, te ayudo un poco. Pero te ayudo como me ayudó a mí mi profesor favorito, con ejemplos.















Vale, lluvia de ideas: Sentimiento de libertad. Temas mitológicos. Nostalgia por tiempos pasados. Nacionalismo. Individualismo. Subjetivismo. Rebeldía. Superstición. Pasión. El sentimiento sobre la razón. Imperfección.

Podría seguir, pero esto no es una clase de teoría, yo solo vengo a contar por qué el Romanticismo es el movimiento artístico más guay. Pertenece a la primera mitad del siglo XIX (1800 y pico, vaya), y aparece en Alemania, Francia e Inglaterra como una respuesta a la Ilustración y al Clasicismo, donde todo era muy recto y muy correcto, porque buscaban la perfección, la universalidad, el conocimiento, el imitar a los clásicos (especialmente la Antigua Grecia), lo filosófico... y claro, pasó lo que pasa siempre: apareció el movimiento contrario, lleno de sentimiento e imperfección. Y subjetivamente te digo que está infravalorado. Otro día me meteré en el rollo de qué pasa cuando se dan los temas de literatura en el instituto a todo correr y sin tiempo a que el alumno se interese por lo que está estudiando, pero te hago un spoiler: que el alumno sale con un puré de ideas mezcladas que no sabe de dónde le vienen. Y claro, así es imposible que los conocimientos se asienten. Y mira, es una pena.

Pero ahora sabes, o recuerdas (o sabes más que yo, lo que es muy probable), que el Romanticismo en realidad te encanta y además te apetece volver a echarle un vistazo a todas aquellas obras de las que te hablaron en el instituto y a las que no hiciste ni caso. Por ejemplo, apuesto a que recuerdas la Canción del Pirata, de Espronceda, el típico ejemplo de poesía, pero yo te recomiendo, por ejemplo, la poesía de William Wordsworth o de William Blake (los escritores ingleses se llaman todos William, como William Shakespeare), o de Edgar Allan Poe (que no es inglés sino estadounidense). En prosa, te recomiendo mucho La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson, que se lee muy fácilmente y es muy entretenida, y no puede faltar Frankenstein de Mary Shelley, que leí con bajas expectativas y ahora me parece una obra increíble (otro día haré una entrada sobre sus marcos narrativos, que es un tema que me apasiona). Por supuesto que hay muchísimo más que leer, pero yo quería mencionar mis favoritos y hablar de un tema que me gusta mucho sin profundizar demasiado.

Voy a dejar la entrada aquí, pero antes quiero agradecer el apoyo que está teniendo mi cuenta de Instagram: ¡ya somos 400! Estoy súper contenta de haber empezado esta nueva aventura aunque tenga poco tiempo que dedicarle. Pronto traeré la reseña de La Ciudad de las Sombras, que adelanto que me ha encantado. Me despido, pero nos leemos en los comentarios, donde puedes decirme cuál es tu movimiento artístico favorito y por qué es el Romanticismo ;)
¡Hasta la próxima!